jueves, julio 09, 2009

Más negocios, menos sueños


Fabricio Correa, hoy la principal voz de oposición, dice muchas cosas que este Gobierno necesita oír. Lástima que Fabricio sea Fabricio.

El mayor de los Correa no es el mejor ejemplo empresarial. Representa el éxito como consecuencia de la cercanía con el poder, y no de una libre competencia. A pesar de eso, Fabricio la tiene clara. Sabe que el progreso se logra con el impulso de la empresa privada, no con los cuentos socialistas de su ñaño.

“¿Usted cree que hay alguien tan insensato como para invertir en Ecuador cuando las leyes no son lo que dicen…?”, se pregunta Fabricio. Sabe que en el país de Rafael nadie quiere arriesgar su dinero (a menos, claro, que como él se esté cerca del Gobierno).

Fabricio defiende al sector privado. Critica que por Carondelet sobran especialistas en vivir del Estado, que no saben lo que es emprender, producir y crear trabajo. Dice lo que el país necesita escuchar. Pero desafortunadamente, los últimos negocios del más locuaz defensor de la empresa privada, le restan credibilidad a sus palabras.

En lugar de un país de empresarios, propietarios y emprendedores, que es a lo que debemos aspirar, este Gobierno prefiere un gobierno de servidores públicos. En lugar de crear las condiciones para que exista una competencia abierta y sin preferencias; este Gobierno genera más condiciones para corrupción, palancas, y preferencias al aumentar la presencia, trabas e influencia del Estado en asuntos privados.

El Presidente conoce los resultados de las empresas públicas. Ahí está Alegro, a la que en enero dio un ultimátum: o gana plata o se vende. ¿Y eso en qué quedó? Ahí está El Telégrafo. Todos los ecuatorianos pagamos los gastos de un diario con poquísimos lectores y menos suscriptores. Y Correa quiere más. Ahora creó una empresa farmacéutica estatal. Hagan sus apuestas de cuánta plata nos costará. Estas empresas no son empresas. Solo sirven para chuparnos plata, subsistir gracias a sus privilegios, y crear falsos empleos burocráticos.

Debería al menos en esto escuchar Rafael a Fabricio. Entender que la empresa privada es la mejor aliada en la lucha contra la pobreza. Que no hay mejor acción social que la generación de un nuevo puesto de trabajo (pero un trabajo de verdad, no esos puestos públicos inventados que tanto gustan a los líderes de PAIS). Que con solo generar las condiciones para que más ecuatorianos se conviertan en empresarios, este Gobierno haría más por el país que con todos sus programas, ministerios, campañas, y comisiones que se pasa creando. Pero Correa va en sentido contrario.

Correa dice que él defiende sueños, mientras su hermano defiende negocios. ¡Pero nos sobran sueños! Nos faltan más negocios y más empresas que generen más trabajo. Los sueños que nos quieren vender solo sirven para alimentar las bocas cercanas al poder. Son los negocios y las empresas de quienes invierten, arriesgan y se la juegan a pesar de este Gobierno, los que al final nos acercan más a los sueños de ese país que queremos.

Lastimosamente, el Correa que sí lo entiende no tiene mayor credibilidad ni nos sirve de referente moral. Y el Correa que no lo entiende es, tristemente, el Presidente.

jueves, julio 02, 2009

¿Bolas?

A raíz del golpe de Estado en Honduras, por varios celulares circuló un mensajito que decía: “Con carácter de urgencia, se necesitan bolas de militares de Honduras para trasplantárselas a militares venezolanos”. Más allá del chiste, no comparto el mensajito. Lo de Honduras no debe ocurrir en nuestra época. Latinoamérica vive tiempos más civilizados, aunque a veces nuestros gobiernos se empeñen en demostrar lo contrario.

Quienes apoyan el golpe de Estado en Honduras dicen que en realidad no lo es. Que los militares están restaurando el Estado de derecho al librar al país de un presidente empeñado en violar la Constitución. Tal vez tengan razón en el fondo, pero fallaron en la forma. Si sacar por las armas a medianoche y en pijama a Manuel Zelaya de su casa no es un golpe de Estado, no sé qué lo es. Pueden tener todas las razones del mundo. Pero pudieron encontrar formas más civilizadas de oponerse al gobierno sin llegar a estos extremos.

No se puede justificar la acción de los militares en Honduras apelando a la defensa de la Constitución y democracia, por muy chavista o abusador de las leyes que sea Zelaya. La comunidad internacional hace bien en oponerse al golpe.

Pero lo irónico de todo esto es ver a Hugo Chávez y su club de fans de la ALBA como voceros de la democracia. ¿No es este el mismo Chávez que se hizo famoso en su país justamente por intentar un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez? ¿No es este el mismo Rafael Correa que apoyó la destitución de Lucio Gutiérrez, de la que se beneficiaría al ser nombrado Ministro de Economía por su sucesor? ¿No son estos presidentes los maestros en hacer de la Constitución y las leyes plastilina que moldean a su favor? Que no se vengan a hacer los muy democráticos ahora.

Por eso no les creo a Chávez y compañía cuando hablan de democracia. Eso no les importa. Les importa aumentar su poder e influencia en la región. Cuando la palabra democracia les conviene para ese fin, ¡que viva la democracia! Cuando son las armas y la violencia, ¡que viva la rebelión!

Y tampoco le creo mucho al gobierno de Estados Unidos y otros que piden que vuelva Zelaya al poder. En el fondo no quieren que regrese. Prefieren que se quede afuera para que Chávez no tenga a Honduras bajo su control. Pero, a pesar de ello, defienden con razón la institucionalidad para no sentar un mal precedente en la región.

Tarde o temprano –y esperemos que no muy tarde– los malos gobiernos terminan. Pero no deben hacerlo por las armas como en Honduras, sino por las urnas. Como lo acaban de hacer los argentinos que despiertan de la seducción socialista de los Kirchner. Como lo harán eventualmente el resto de países latinoamericanos, hoy embobados con el populismo bolivariano.

En democracia toca ser democráticos y seguir las reglas del juego. Las armas, uniformes y toques de queda que se queden guardados en otra era. No queremos fortalecer a Chávez y sus amigos enemigos de la libertad, convirtiéndolos en solapados abanderados de la democracia. Suficientes falsos mártires con los del pasado, como para andar creando nuevos.

jueves, junio 25, 2009

Entre cortinas y manteles verdes

Semana política de escándalos, insultos, sorpresas, ataques. Pero, “¿qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!”, cantaría Manu Chau.

El Presidente en su show del sábado defiende a su hermano Fabricio e intenta callar a algunos medios que muestran lo que se quiere ocultar. Les quitará la publicidad estatal. Así, de frente y sin sonrojarse, nos restriega en la cara que la plata de los ecuatorianos es en realidad la plata de su Gobierno que sirve para amenazar y callar a los medios críticos.

El Presidente se pregunta “¿cuándo yo he contratado a mi hermano, cuándo mi hermano ha ocupado un cargo público?”. Pero dudo que a su hermano le interese un cargo público con lo bien que le va. Estamos hablando de negocios de grandes ligas, no de simples suelditos dorados.

Dijo e insultó mucho el Presidente este sábado. Pero sus exabruptos que tanta vergüenza y desprestigio traen a la figura presidencial, fueron poca cosa frente a las declaraciones de su hermano. Ese sí nos tuvo entretenidos.

Fabricio dijo de frente, por ejemplo, que compró una compañía panameña que sirva de “cortina” para evitarse problemas. Es decir, no quería que se supiera lo que ahora se sabe gracias a ese periodismo que su hermano tanto desprecia: que ha ganado contratos estatales por varios millones de dólares desde que se inició esta falsa revolución.

También contó Fabricio a este Diario que Gustavo Larrea quiso “cogérsele” a los “diputados de los manteles”. ¿Sí se acuerdan de ellos, no? Esos suplentes que se tomaron el Congreso de la mano del Gobierno para llevarnos a la Constituyente y de ahí al camino que conduce a Caracas. Fabricio cuenta que estos señores le pidieron que le paguen los gastos de alojamiento en Quito. Nada es gratis en esta vida. Y Fabricio muy comedido les habría dicho “Cualquier cosa que requieran le preguntan a él [el contador de PAIS] y yo veo cómo saco los fondos”. Así lo relató el hermano del Presidente. Así, de frente, nos cuenta cómo se consiguen las cosas en estos tiempos de manos limpias y corazones ardientes.

¿Se imaginan cómo hubiese saltado Rafael Correa en sus épocas de ciudadano común si todo esto hubiese sucedido en uno de los gobiernos de quienes él ahora llama “cadáveres políticos”? ¿Se imaginan el escándalo que hubiesen armado los hoy asambleístas y funcionarios del Gobierno? Pero en estos tiempos socialistas parece que no existe la corrupción, solo la mala fe de los medios empeñados en atacar al Gobierno.

¿Cuánto tiempo durarán las discusiones sobre lo dicho y hecho por el “razonablemente listo” hermano del Presidente? Durarán lo que tarde en llegar la próxima gran noticia. ¿Qué tal suspender a Teleamazonas 90 días? Eso seguro regresará el debate alrededor de la libertad de expresión, que en todo caso, es menos grave que tener a los medios hablando de corrupción.

Hasta eso, no hay una sola voz con fuerza en la oposición que diga las cosas como son. Las cortinas y los manteles verdes huelen a podrido, pero pronto se irán olvidando. Correa quedará algo lesionado, pero seguirá avanzando, acaparando poderes, insultando.

¿Y qué pasa por la calle? ¡Nada, no pasa nada!

lunes, junio 22, 2009

Los pantalones de Alberto

El famoso Padre Alberto, ahora más famoso que nunca porque lo agarraron con las manos en la masa, dijo en una reciente entrevista que “debajo de la sotana hay pantalones”. Gran frase para resumir el dilema existencial y carnal en el que se meten los curas.

A mi colegio jesuita llegaban todos los años curas argentinos a enseñar teología, literatura y filosofía; tomar mate y tocar en su guitarra canciones de Sui Generis y Charly García. Había un par de ellos, un colorado con pinta de surfer y otro que confundían con Clark Kent, que derretían a las madres de familia y a las chicas de otros colegios. Ellas decían que venían al colegio por nosotros, pero en realidad venían por el par de argentinos. Se inventaban cualquier excusa para conversar con uno de los curas. Y al final, el suspiro era siempre el mismo: “¡Qué pena que sea cura. Qué desperdicio!”.

Me caían bien esos curas del colegio. Sobre todo porque no parecían curas. No se vestían como curas. Decían malas palabras, jugaban bien fútbol y cantaban rock latino. Talvez fracasaron conmigo y otros compañeros en su trabajo evangelizador. No nos duró mucho tiempo eso de las misas, las confesiones y hablar con dios. O talvez hicieron bien su trabajo, porque nos enseñaron a hacernos preguntas y no aceptar cualquier cosa que nos digan por ahí.

Lo cierto es que, por alguna razón, los curas que no parecen curas suelen ser los más populares. Igual que las profesoras que no parecen profesoras. O los jefes que no parecen jefes.

El Padre Alberto cumple esta regla. No parecer Padre es su mayor activo. Se ganó más seguidores que Moisés con la ayuda de las cámaras, un micrófono, sus ojos azules y su pinta de actor. Rompiendo el molde de esos curas aburridos y ultra moralistas se ganó los rezos de sus emocionadas feligresas que quizás soñaban despiertas con pasar una tarde con su curita en la arena.

Hasta que sucedió. Los paparazzis hicieron su agosto en mayo. Y la Iglesia se enfrentó nuevamente a ese debate que andaba algo callado: ¿por qué no pueden casarse los curas?

Después de analizar el tema, creo que la respuesta nada tiene que ver con la vida de Jesús, ni con ninguna de esas razonas dizque históricas o religiosas. Más bien creo que tiene que ver con los problemas que podría traer la esposa del cura a la parroquia.

Imagino a las señoras antes muy generosas con el cura, ahora negándose a dar limosna “para que se compre más vestidos y joyas la muy derrochadora esa que se casó con nuestro curita”. O los secretos de confesión regados por todo el pueblo luego que el cura le haya pedido a su mujer que no le cuente a nadie. O los problemas económicos en los que se metería la Iglesia ante cada divorcio en los que los abogados de ella reclamarían la mitad del terreno de la casa parroquial y hasta el cáliz de oro que reposa en el altar.

Sería un dolor de cabeza. Mejor cortar por lo sano y prohibir que se casen.

Al Padre Alberto le tocará ahora meterse de lleno a animador de televisión o fundar su propia religión. Seguro será un éxito en ambas cosas.

Hace poco, en una reunión de compañeros, me pusieron al día de la vida de los curas argentinos que pasaron por mi colegio. Clark Kent trabaja en una parroquia al sur de su país. Y el cura con pinta de surfer se conquistó una guayaca y vive felizmente casado. Ya decíamos nosotros, este no parece cura.

* Publicado en revista SoHo de Junio.

jueves, junio 18, 2009

Plastificando certificados

No me pregunten por quién voté este domingo porque no tengo idea. Marqué una raya mientras leía por primera vez en mi vida unos nombres y apellidos que no pude reconocer. Así es la vida en estos tiempos dizque revolucionarios. Toca votar hasta el cansancio.

La otra mañana escuchaba a un comentarista en la radio alegrarse porque finalmente no tendremos elecciones en cuatro años. Porque ahora sí el Presidente podrá gobernar y tomar las acciones correctas, incluso las que no sean necesariamente las más populares. Sin elecciones por delante, reflexionaba el periodista, Correa ya no tiene que preocuparse de buscar votos o ganar popularidad.

Yo no estaría tan seguro. No me extrañaría que en un par de años tengamos que ir nuevamente a votar. A medida que el Gobierno avanza en su estilo autoritario, más compañeritos y seguidores irán desertando de las filas de su partido. Ya no aguantarán ser parte de un movimiento personalista que olvidó los ideales que compartían, prefiriendo acumular poder y atropellar libertades.

Alberto Acosta fue de los primeros. El ex aliado número uno de este Gobierno hoy lo critica fuertemente. Con referencia al caso Teleamazonas dijo: “…yo creo que es aberrante el hecho de que nos aferremos a una ley, creada en la dictadura… para empezar un proceso contra cualquier medio de comunicación... es un acto que no se ajusta a la ley ni a la razón, ni al sentido común”.

María Paula Romo, una de las caras más visibles del bloque del Gobierno, también ha criticado las acciones del Conartel, o sea de Correa, contra la libertad de prensa. Imagino que la asambleísta vive el dilema de permanecer o no como parte de un Gobierno cada día menos democrático. No me extrañaría verla también desertar del bloque oficialista en la nueva Asamblea.

Y así, como ellos, seguramente veremos a más partidarios de Alianza PAIS que dejarán de identificarse con este Gobierno autoritario que no cumple el cambio esperado. Podría llegar el momento en que el Presidente no tenga a la Asamblea de su lado. Y sus aliados de hoy bloqueen sus propuestas de mañana.

Y ahí es cuando, con la excusa de tener una Asamblea opositora –le dirá corrupta, mediocre y todo lo demás–, y ante la necesidad de elevar su popularidad con una buena dosis de campaña electoral, el Presidente recurriría a ese artículo de su Constitución que le permite “…disolver la Asamblea Nacional… si de forma reiterada e injustificada obstruye la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo...”. Y que indica que inmediatamente “…el Consejo Nacional Electoral convocará para una misma fecha a elecciones legislativas y presidenciales para el resto de los respectivos períodos”.

Y volverían las cadenas, los bailes, los mítines, las canciones, las caravanas, los discursos, y el uso de recursos del Estado para otra campaña presidencial. Y Correa elevaría nuevamente su popularidad producida en televisión. Y nuevamente iríamos a votar.

Quién sabe. Tal vez nada de esto suceda. Tal vez esta vez, en serio, no tendremos más campañas y elecciones por cuatro años. Ojalá. Pero por alguna razón, mientras votaba este domingo por unos cuantos desconocidos y hacía plastificar otro certificado de votación –¿cuántos llevamos?–, tuve el presentimiento de que no pasará mucho tiempo hasta que regresemos a marcar una nueva papeleta.

jueves, junio 11, 2009

Obedientes

Según su página web, el Conartel “es un organismo autónomo de derecho público”. Linda autonomía socialista del Siglo XXI. Han tenido su sentido del humor.

El Conartel es hoy un organismo vergonzosamente obediente del poder. Si sus miembros siguen tan aplicados y sumisos, se ganarán todas las sonrisitas del jefe y un vergonzoso e importante capítulo en nuestra historia nacional de atropellos.

Rafael Correa no puede hacerlo todo solo. Necesita gente que ejecute sus órdenes. Gente que cumpla sin hacer preguntas ni analizar las consecuencias de sus actos. Sus ejecutores olvidan que el poder que tienen ahora es pasajero. Que el gobierno de Rafael Correa es pasajero. Pero la reputación permanece por mucho tiempo. El tiempo y la memoria no borran fácilmente los atropellos.

Veo a Antonio García, el joven presidente del Conartel, hablar a los periodistas, como quien no dice nada. Les informa que se ha iniciado el tercer proceso contra Teleamazonas, por dizque violar la nueva ley favorita de Correa que dice que no se puede transmitir noticias basadas en supuestos que causen conmoción social. En otras palabras, García informa que el Conartel, siguiendo la voluntad del Ejecutivo, ha iniciado arbitrariamente el proceso para cerrar Teleamazonas, callar sus noticieros y periodistas, y consolidar así el atropello de Correa a la libertad de expresión.

Correa dijo que “los medios de comunicación no están por encima de la ley”. Pero por lo visto él sí lo está. Pretender callar un canal de televisión utilizando absurdamente como excusa un par de reportajes, eso sí es estar por encima de la ley. Convertir hechos reales en “supuestos”, y la reacción inofensiva del televidente en “conmoción social”, eso sí es estar por encima de la ley. Llegar a cerrar un canal de televisión con estas excusas no sería solo estar por encima de la ley. Eso es ser la ley.

Correa pidió a los periodistas que, “en vez de hacer tanto estruendo de que se está atentando contra la libertad de expresión”, reclamen “si está cumpliéndose o no la ley”. Aquí reclamo. No se está cumpliendo la ley. Se están tergiversando hechos (decir que son supuestos lo que fueron hechos) e inventando consecuencias (conmociones sociales que no han existido) para adaptarlos a una ley absurda y así alcanzar sus sanciones desproporcionadas.

El debate no es si los medios hacen un buen o mal trabajo. O si sus reportajes son totalmente neutrales o tienen intereses particulares. Menos aún si sus dueños son banqueros o verduleros. No desviemos la cosa. Lo que está en juego es nuestra libertad para expresarnos. Que no nos metan el cuento de que todo está apegado a la ley. El Presidente quiere demostrar que él también tiene el poder para cerrar canales y seguir ganando elecciones. No entiende de libertad. No le interesa la libertad.

Todavía Teleamazonas está al aire. Pero de darse su cierre temporal o definitivo se habrá concretado el más vergonzoso atropello de este Gobierno. No hay excusa que sirva a Rafael Correa y sus funcionarios del Conartel para justificar estas acciones. No olvidaremos a quienes fueron parte de este abuso. Algún día, cuando dejen de ser la ley, tendrán que responder.

jueves, junio 04, 2009

Pobrecitos

Me hubiera gustado ver ese debate entre Hugo Chávez y Mario Vargas Llosa. Latinoamérica habría presenciado un intercambio de ideas entre quienes creen que el gobierno debe controlarlo todo y quienes creen en la libertad individual como motor de progreso.

Pero el problema con Chávez y sus amigos no es simplemente de ideas. El problema es que, a la hora de la hora, nuestros socialistas de este siglo no quieren ni permiten ese intercambio de ideas. Dicen que están abiertos a los debates y a las críticas. Pero en la práctica apagan toda posibilidad de debate. Aniquilan las críticas atacando a los medios de comunicación y la libertad de expresión.

Chávez rompe el clima de respeto y libertad necesario para el debate cuando amenaza y cierra canales de televisión. O cuando retiene en el aeropuerto a los Vargas Llosa, padre e hijo, para dejarles claro que su majestad de boina roja no está contento con su presencia. Vergonzosa actitud. Prueba que no es presidente de su país. Es su dueño que decide bajo qué condiciones pueden visitarlo.

Rafael Correa no se queda muy atrás. Rompe también esa libertad y respeto el momento que amenaza con demandar a los medios de comunicación que dicen algo que no le gusta o que le parece incorrecto.

En su momento, quienes han expresado de frente su rechazo al Presidente han sido invitados a pasar unos días tras las barras con la excusa de una retrógrada ley que reprime con cárcel a quien “con amenazas, amagos o injurias, ofendiere al Presidente”. Linda ley para abusar del poder.

Ahora, manipulan una ley que cae perfecta para callar a los medios. Dice que “se prohíbe a las estaciones de radiodifusión y televisión transmitir noticias basadas en supuestos que puedan producir prejuicios o conmociones sociales o públicas”. Esos “supuestos”, obviamente, serían definidos por el Gobierno. Y lo que significa “prejuicio o conmoción social” también quedará a discreción del poder. Con lo poco que se lee en este país es casi imposible que una noticia en un diario cause conmoción social. Pero como en Carondelet parece que leen hasta los Clasificados, bastaría que ahí se produzca la conmoción para que le metan un juicio al periódico.

El problema entonces va más allá de las ideas de los gobiernos, si son de izquierda, derecha, o lo que venga. El problema es cuando se creen dueños de la opinión pública y dueños de sus países. Cuando no entienden lo que significa la libertad de expresión y hacen todo lo posible para callar las voces contrarias.

Correa y Chávez promueven ahora una instancia regional que “proteja a los gobiernos legítimos de los abusos de la prensa corrupta”. Pobrecitos. Ahora resulta que la protección no es para los ciudadanos contra los abusos del gobierno, como debería ser. Aquí es lo contrario. Son los gobiernos indefensos quienes buscan protegerse de lo que sus ciudadanos escriban en diarios o digan en los micrófonos.

No son suficientes las infinitas horas que pasan estos presidentes en la televisión lavándonos el cerebro. No son suficientes todos los medios de comunicación a su disposición. Quieren más.

No deben ser tan malos los medios de comunicación cuando tanto les gusta tenerlos. Y hablando de eso ¿cuándo venderá nuestro Gobierno finalmente los canales incautados?

jueves, mayo 28, 2009

‘Dictadorcitos’

El Senado colombiano aprobó un referéndum que permitiría la segunda reelección inmediata de Álvaro Uribe. Ojalá, por el bien de la región, este referéndum no se dé. Y de darse que gane el No o que Uribe decida no lanzarse a otra reelección.

En nuestra Latinoamérica, y en particular nuestra región andina, inundada de ideas caducas, caudillos patrioteros y mentes ajenas al progreso y la libertad individual, Uribe es una de las pocas voces cuerdas y pragmáticas que suenan con fuerza. Y por eso mismo, Uribe debe dar el ejemplo, no lanzarse a un nuevo periodo, y permitir que la democracia y alternabilidad en su país se fortalezcan.

Hasta ahora Uribe ha dado señales de que no buscará otro periodo. En un reciente foro, ante la pregunta sobre su interés en reelegirse, respondió: “Lo veo inconveniente por esto: por perpetuar al Presidente, porque el país tiene muchos buenos líderes”. Pero a pesar de estas palabras, Uribe no ha negado oficialmente su deseo de ser candidato en el 2010.

Hay quienes creen necesaria la reelección y permanencia de Uribe en el poder para así crear un contrapeso en nuestra región andina, tan contaminada de populismos socialistas que acabarán con lo poco que tenemos. Si al trío andino-socialista-bolivariano de boina roja, camisa con dibujitos y chompa rayada le añadimos la posibilidad de convertirse en cuarteto junto al peligroso Ollanta Humala –cuya candidatura Vargas Llosa acaba de comparar con el sida– la presencia de Uribe se torna aún más importante. Sería una voz solitaria. Pero una voz poderosa.

Pero por muy importante que pueda ser la presencia de un presidente que contradiga esta línea estatista y empobrecedora en la región, no justifica romper con el principio democrático de alternabilidad. Una reelección de Uribe daría más fuerza a esta potencial tendencia iniciada por Chávez en la región, de jefes que utilizan la maquinaria estatal para comprar popularidad y votos que los perpetúe en el poder. Con la ventaja de poder llamarse “democráticos” al ser elegidos en las urnas, aunque sus gobiernos sean lo contrario.

La alternabilidad permite renovar. Impide que unos pocos acumulen demasiado poder. Mantiene a la sociedad políticamente activa, evitando caer en la pasividad del que se acostumbra a ser siempre gobernado por los mismos. Esto aplica no solo a presidentes. Autoridades locales, parlamentarias y hasta las del club de la esquina deben renovarse, continuando lo bueno, aprendiendo de sus antecesores, pero sobre todo, inyectando los cambios e innovaciones necesarias que se le escapan a quien lleva demasiado tiempo en el poder.

Por eso, suenan refrescantes y esperanzadoras las recientes declaraciones de Lula, el presidente más importante en la región, al negar estar interesado en un tercer mandato: “Yo no juego con la democracia porque cada vez que se juega con la democracia uno se estrella… La alternabilidad del poder es importante. Cada vez que un dirigente político se cree imprescindible e insustituible está comenzando a nacer un pequeño dictadorcito dentro de él. Y soy demócrata”.

Para su vecino del norte ya es tarde. El dictadorcito nació y crece fuerte. El resto aún está a tiempo de no jugar con la democracia. Uribe debe dar el ejemplo.

viernes, mayo 22, 2009

Usted

El momento te golpea de repente. Sin que estés preparado. Estás muy tranquilo cuando ella se acerca. Joven, alegre, delgada, curvas perfectas, pelo largo. Tiene unos veinte años. Te sonríe. Sí, es más joven que tú, aunque no tanto. Te va a decir algo. Y al abrir su boca, rompe toda la magia del encuentro. Ella te trata de “Usted”.

Usted. Esa palabrita crea en un instante un enorme abismo generacional. Ella está diciendo sin decirlo: yo soy joven y tú eres en viejo. Ella te ve más cercana a la edad de su papá. Para ella, da igual que estés en tus treintas, tus cuarentas. Eres un viejo. Con cada “Usted” que ella te lanza sientes como tus canas se hacen más blancas. Tus entradas se agigantan en tu frente. Y esa calva en potencia se vuelve real.

Mi primer “Usted” lo recibí el día que me estrené como profesor universitario amateur. Con cara de pelado y veintitantos años me presenté ante un grupo de estudiantes pocos años menor que yo. “Por favor, tutéenme”, les dije haciéndome el profesor cool cuando una estudiante me ustedteó. No todos me hicieron caso. Algunos se empeñaron en asesinar mi juventud recurriendo al “Usted”. Cada año que regreso a dar mi clase, aumentan junto a mis canas, los Usted versus los tú. Y ya no hay marcha atrás.

Pero más que recibir el “Usted”, el problema está en decirlo. Sobre todo cuando uno transita los 30 se acentúa el dilema de cuando y con quien usarlo. Ya no eres tan pelado como para tratar de Usted a cualquier viejo de cuarenta para arriba. Ni tampoco eres tan viejo como para tutear a todo el mundo.

El tema se complica en las reuniones de negocios. Estamos todos sentados alrededor de una mesa. Hombres y mujeres en sus 20s, 30s, 40s, 50s, 60s. ¿Dónde trazamos la línea entre el tú y el Usted? ¿Tuteamos al gerente de cuarenta y ocho años y ustedtiamos al director de cincuenta y tres? ¿Cómo clasificar el trato con cada persona? Nadie ha escrito las reglas claras: “tutearás a quienes no te superen por más de 15 años, y tratarás con la formalidad del Usted al resto”.

Y cuando hay en la reunión una mezcla de esa sutil y subjetiva condición llamada estratos sociales la cosa se complica más. El uso del Usted ya no solo depende de la edad, sino que se basa también en la proximidad social percibida entre ambas partes. El tú nos acerca entre iguales, el Usted nos distancia. Entran en juego esas tan latinoamericanas percepciones que nos llevan también a la rápida decisión de saludarnos con beso o con la mano.

En esos momentos envidio a los gringos. Envidio el idioma inglés, tan sencillo, tan al grano. Todos son “you”. Tu amigo es “you”. Tu profesor de setenta años es “you”. Tu tío, tu abuelo, tu jefe, la señora de la tienda, todos “you, you, you”. Cero complicaciones. Y cero besos en las reuniones. Todos se dan la mano.

Pero bueno, con todas sus complicaciones y aunque te haga sentir viejo frente a esa chica de veinte años, el Usted tiene sus ventajas. Puede volver tus palabras más románticas, llenas de esa pasión que se rompe con el tú. Y sin el Usted, no podría hablarle a mi hija de dos años con el mismo cariño. Y qué sería de tantos lagarteros, serenatas de borrachera, y buenos momentos, sin poder cantar que “hasta la vida diera, por vencer el miedo, de besarla a Usted”.

* Publicado en revista SoHo de Mayo.

jueves, mayo 21, 2009

Ni UNE, ni MPD, ni nadie

Basta escuchar a Mery Zamora, presidenta de la UNE, para entender por qué anda tan mal la educación en este país. Con tan limitadas ideas y conflictivas posturas de la representante de los educadores de nuestros niños y jóvenes, poco podemos esperar de la preparación de las nuevas generaciones.

La UNE y el MPD rechazan las evaluaciones que, con justa razón y válidas intenciones, el Ministerio de Educación pretende realizar. La postura del gremio de educadores y su partido político es un canto al subdesarrollo. “A mí no me tocan mi puesto vitalicio”, resume su argumento. El bienestar y educación de los niños no entran en el discurso de la UNE. Solo se trata de defender la “estabilidad laboral” de sus miembros. En otras palabras, mantener la mediocridad.

Raúl Vallejo y este Gobierno tienen un gran reto por delante. Si logran cambiar la educación pública de este país, al menos dando el primer paso alejándola de las garras de la UNE y el MPD, tendrán nuestro respeto y el agradecimiento de nuevas generaciones mejor educadas y con mejores oportunidades.

Rafael Correa, desde su primera candidatura, fue un gran crítico del control de la UNE y MPD de la educación pública. Pero ante las conveniencias políticas del momento terminó vergonzosamente aliándose con ellos. El Gobierno usó al MPD como su pana del alma, su fuerza de choque, sus amigos en tiempo de elecciones.

Ahora, el Presidente se enfrenta a un dilema político. Conservar esa amistad por interés que se traduce en votos en una Asamblea donde Correa no tiene la mayoría absoluta asegurada. O seguir adelante con los planes de cambiar la educación en este país, con el riesgo de perder esos votos.

Si decide lo primero quedará en descubierto que aquí solo importa el poder por el poder. Si decide lo segundo –como esperamos lo haga– ganará el país, ganará la educación, ganarán los niños y jóvenes.

El Gobierno debe pararse firme ante una UNE y MPD que politizan la educación. Pero cuidado con la excusa de mejorar las cosas, pasamos de una educación controlada por el MPD a una educación controlada por Alianza PAIS y utilizada como plataforma de su indoctrinamiento político.

La educación no le pertenece a un gremio, a un partido político, o a un gobierno de turno. Pertenece a los estudiantes y a sus padres de familia. Es un derecho que no tiene por qué depender de banderas ideológicas o gritos politiqueros.

Mery Zamora dice de frente a las cámaras: “Hemos sido la piedra en el zapato de los gobiernos de turno, y de este también… Durante 64 años, ni las dictaduras, ni los gobiernos reaccionarios, ni los gobiernos de la socialdemocracia han podido partir a la UNE”. ¿Podrán Correa y Vallejo?

Un país sin educación no avanza. Un país con una educación politizada está condenado a la mediocridad. Mientras la UNE y MDP monopolicen la educación no habrá progreso.

Si al menos un legado positivo deja este Gobierno, que sea el de una población educada y preparada. Y eso significa una educación libre de la UNE, el MPD, Alianza PAIS y cualquier otro que la quiera politizar.

jueves, mayo 14, 2009

La cena tendrá que esperar

Escucho a Barack Obama en la cena anual con los periodistas que cubren las noticias de la Casa Blanca. Obama cita a Thomas Jefferson, quien dijo que “si me viera obligado a decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin un gobierno, no dudaría en preferir lo último”. Obama dice que ese mensaje sigue vivo: un gobierno sin medios críticos y activos no es una opción para el país.

Obama continúa: “puedo no estar de acuerdo con todo lo que ustedes escriben o reportan. Incluso me puedo quejar de vez en cuando sobre la forma como ustedes realizan su trabajo. Pero lo hago sabiendo que cuando ustedes hacen bien su trabajo, me ayudan a hacer bien mi trabajo. Nos ayudan a todos los que servimos desde el Gobierno a hacer un mejor trabajo, al hacernos rendir cuentas, al demandar honestidad, al impedirnos tomar atajos y caer en juegos políticos”.



Mientras Obama reconoce la labor de la prensa, acá Correa la insulta y desprestigia. La llama corrupta, mediocre y pide a la gente que no lea diarios ni vea noticiarios. No entiende que sin una prensa libre y crítica tambalea la democracia y se impone una sola visión. La visión del Gobierno. O lo entiende y eso pretende.

Ahora veo a Hugo Chávez en la tele. Amenaza con quitar la concesión a Globovisión. ¿Cuál fue la terrible infracción cometida por ese canal? “Incitar al pánico y ansiedad entre la población” al reportar la noticia de un temblor antes que lo hicieran las autoridades oficiales. Ridícula excusa con la que Chávez pretende callar voces libres.

En nuestro país no es muy distinta la cosa. Los abusos a la libertad de prensa se contagian entre gobiernos autoritarios. El Conartel decide abrir un proceso contra Teleamazonas. ¿Cuál ha sido el gravísimo pecado del canal? Reportar e informar a la ciudadanía sobre lo que ocurría en un centro de cómputo en el antiguo supermercado Santa Isabel. Acusan al canal de difundir información basada en supuestos que puede causar conmoción social.

Es una excusa tan ridícula como la del temblor venezolano. Teleamazonas simplemente ha reportado e informado sobre el ingreso y reclamos de actores políticos en el centro de cómputo. Son hechos, no supuestos. Lo que cada persona dice a las cámaras es su responsabilidad. El canal solo cumple su trabajo de informar.

Si se determina una infracción, se puede llegar hasta la suspensión temporal o reversión definitiva de la frecuencia del canal. ¡Cómo le gustaría eso al Gobierno! Chávez sin Globovisión, Correa sin Teleamazonas. ¡Al fin libres de los medios que les dicen lo que no quieren escuchar!

Mientras veo a Obama en su cena con los periodistas imagino si sería posible en nuestro país iniciar una tradición similar, reuniendo en un evento de confraternidad y mutuo respeto al Presidente y los medios de comunicación. En ella, nuestro Presidente reconocería también la importancia del trabajo de los periodistas y brindaría por una prensa crítica y libre.

Pero a quién vamos a engañar. Con el escaso respeto de este Gobierno al trabajo de los medios, antes que la invitación a cenar, pueden esperar la notificación de su suspensión. La cena tendrá que esperar a nuevos gobiernos que sí entiendan de libertad de prensa y respeto.

jueves, mayo 07, 2009

Y lo seguimos haciendo…

Estos días están circulando las palabras que Óscar Arias, presidente de Costa Rica y ganador del Premio Nobel de la Paz, pronunció en la última Cumbre de las Américas. El discurso titulado 'Algo hicimos mal' refresca nuestra mente tan contaminada en estas épocas por cantos dizque revolucionarios que repiten los mismos eslóganes gastados del pasado. Vale la pena leerlo.

Arias nos invita a reflexionar sobre las causas de nuestro atraso y a dejar de culpar a terceros por nuestra pobreza. Nos dice que si estamos mal, seguramente es porque algo hicimos mal. No porque el mundo, los países poderosos o los organismos internacionales conspiren en contra nuestra.

Arias nos hace ver que Latinoamérica ha tenido oportunidades similares a las de países hoy desarrollados que sí supieron realizar los cambios necesarios. “En 1950… Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 o 40 años– es un país con 40.000 dólares de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 o 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra”, dice Arias.

Arias se pregunta “¿quién es el enemigo nuestro?” que justifique que “América Latina se gaste 50.000 millones de dólares en armas y soldados”. Me pregunto lo mismo. Nuestros gobernantes hablan de desarrollo, educación y salud mientras se van de shopping armamentístico para defendernos de amenazas imaginarias. Nuestro real enemigo, como indica Arias, “es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria…”. Y ese es un enemigo que no podemos combatir con nuevos aviones o más armamento.

Arias nos invita a una reflexión final: “…mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (…capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo…Y mientras los chinos… han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás”. Espero que Correa haya estado escuchando.

Las palabras de Arias suenan bastante distintas y más constructivas que las de su vecino, Daniel Ortega, quien dijo en esa misma Cumbre que “en este siglo XXI y desde finales del siglo XX… los países capitalistas desarrollados establecieron su hegemonía a costa de la destrucción del planeta y de la especie humana, y arrastrando e imponiendo los valores consumistas de su modelo y la reproducción de la concentración de la riqueza y multiplicación de la pobreza, a la gran mayoría de los países en desarrollo”.

Mientras Ortega y sus amigos socialistas de este siglo se quejan y patalean por el progreso de otros y el atraso nuestro, Arias nos hace notar que no estamos como estamos por culpa de terceros, sino porque algo hicimos mal. Y lastimosamente, con varios de los líderes que elegimos y reelegimos en Latinoamérica, parece que así lo seguiremos haciendo.

miércoles, mayo 06, 2009

"Algo hicimos mal"

Palabras de Óscar Arias, Presidente de Costa Rica, en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago - 18 de abril del 2009

Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur –en cuestión de 35 ó 40 años– es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.
En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos.

Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo...), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo . Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “ la verdad es que enriquecerse es glorioso ”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

jueves, abril 30, 2009

Desilusión postelectoral

Este domingo no tuvo mayores emociones. Sabíamos casi todos los resultados por adelantado. Se siente raro por primera vez amanecer de una elección general con todo prácticamente igual.

Tal vez lo más emocionante de estas elecciones es que al fin descansaremos de votar obligados a cada rato. Al menos por cuatro años. Y esto si Rafael Correa no decide inventarse alguna nueva elección en el camino que ratifique su popularidad.

Mi lado optimista me decía que al fin se terminaría esta campaña ininterrumpida de más de dos años en la que nos ha metido el Gobierno. Campañas para llevarnos a una Asamblea, pasar por una nueva Constitución, para finalmente reelegir a su autor. Pensaba que esta reelección marcaría el fin del Correa-candidato para dar inicio finalmente, aunque con dos años de atraso, al Correa-presidente.

Pero mi lado optimista se equivocó. Una de las primeras declaraciones postelectorales del Presidente es que los próximos cuatro años continuará “en campaña electoral recorriendo cada rincón de la patria para levantar la autoestima del país”. Nada cambiará por lo visto. Nos seguirán vendiendo la alegría empaquetada en eslóganes de televisión, visitas motorizadas y tours gastronómicos locales. El presidente-motivador, antes que el presidente-estadista y administrador, seguirá en su misión de alegrarnos la vida. Sonríe Ecuador, sonríe.

Pero esa no fue mi única decepción postelectoral. Pensé que este nuevo triunfo significaría el inicio de un Correa más realista que se aleje de sus posturas populistas –que él llama socialistas– para dar paso a políticas pragmáticas que generen confianza, inversiones, empleo y desarrollo.

Pero, ¿qué nos dice el flamante Presidente reelecto además de que continuará en campaña? Nos dice que radicalizará su socialismo del siglo XXI. Dijo también que “los cambios son posibles pero fuera del sistema capitalista, dentro del nuevo socialismo”. ¿Se da cuenta Correa de lo que dice? ¿Realmente piensa alejar a este país de un sistema de mercado y propiedad privada? ¿O son disparates que se escapan por la emoción del triunfo?

Con cada triunfo de Correa espero que diga algo, al menos una cosa, que indique que encaminará este país por un rumbo distinto al chavismo ultraestatista. Pero termino decepcionándome.

Pero tranquilos, no se preocupen tanto. Diego Borja, ministro del revolucionario ministerio coordinador de Política Económica, dijo que “no hay que ponerse nerviosos”, que “socialismo del siglo XXI no significa estatización, porque hemos visto que el modelo estatizante no sirve”. Hugo Chávez, maestro del socialismo del siglo XXI y activo practicante del estatismo, no estaría de acuerdo con la definición de Borja. ¿A quién le creemos? ¿Qué quiere decir entonces Correa con lo de profundizar su socialismo y alejarse del capitalismo?

Vienen cuatro años sin elecciones. Esta es la oportunidad del Gobierno para trabajar, ahora sí, pensando en el progreso del país y de su gente; no en los próximos votos o en su popularidad del momento. Esta es la oportunidad para tomar decisiones y acciones que nos metan en el siglo XXI de los gobiernos ganadores que, sin hacer mucha bulla ni quejarse a cada rato, le apuestan al trabajo y emprendimiento de su gente con el apoyo de un Estado limitado y eficiente.

Las primeras declaraciones del reelecto Correa ya apuntan en la dirección contraria. Así empezamos los próximos cuatro años.

jueves, abril 23, 2009

‘Para Obama, con afecto’

Hugo Chávez es un gran agente literario. En la última Cumbre de las Américas le regaló a Barack Obama una copia del libro Las venas abiertas de América Latina, del uruguayo Eduardo Galeano. Una foto capturó el momento. Y el libro ocupó en pocas horas el segundo lugar en la lista de los más vendidos en Amazon.com. Ojalá los nuevos lectores del libro no se contagien de esas ideas que Chávez y compañía comparten.

Las venas abiertas de América Latina dice que estamos mal en Latinoamérica por culpa de otros, no de nosotros mismos. Que somos pobres porque los países ricos nos chupan la sangre.

Según Galeano “nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros…”. O sea que al ganar un país pierde el otro. No podemos beneficiarnos ambos. Los imperialistas nos han robado nuestro oro, plata, cacao, café, banano, petróleo y más. Y es culpa de ellos, no nuestra, que no hayamos aprovechado estas riquezas naturales.

Para Chávez y sus amigos la culpa de nuestra pobreza siempre viene de afuera o de algunos “traidores” de adentro. La culpa es del imperio, de las multinacionales, del Fondo Monetario y el Banco Mundial. Somos unos pobres explotados incapaces de conducir nuestro destino. Buena excusa para el fracaso. El éxito de Chile demuestra lo contrario.

Opositores han criticado a Obama por su amigable actitud con un Chávez que hace poco lo calificó de “pobre ignorante” y que vive insultando a Estados Unidos. Pero creo que lo mejor es que Obama siga en ese tono amigable.

Así, Chávez y compañía tendrán un enemigo menos a quien culpar por sus errores y horrores. Así, sus seguidores antiyanquis tendrán menos argumentos para culpar al FMI, a la CIA, o al Banco Mundial de nuestra pobreza. Tal vez así, empiece Latinoamérica a entender que nosotros mismos, y nadie más, somos responsables de nuestro atraso o progreso.

Criticar a Bush era muy fácil. Pero hablar mal de Obama será más difícil, sobre todo si mantiene el diálogo y apertura con todos los líderes de la región sin importar su ideología o forma de gobierno. En cambio, si Obama no dialoga con Chávez, o cierra las puertas a un cambio de políticas hacia Cuba, solo le dará más argumentos a la gran base antiyanqui en Latinoamérica que vive culpando a otros de nuestra pobreza.

Los “acuerdos” de estas cumbres presidenciales al final sirven para poco o nada. Casi nadie los lee o les hace caso. Lo importante de estas cumbres son las relaciones que se fortalecen entre jefes de Estado. Y en estos tiempos de crisis es trascendental la colaboración y buena relación entre ellos.

Es posible que esta cumbre presidencial haya iniciado una nueva era en la relación de América Latina con Estados Unidos. Lastimosamente, se siente como si casi todos los mandatarios latinos están esperando un cambio en Estados Unidos que solucione los problemas de América Latina. Cuando es América Latina la que debe solucionar sus propios problemas. Saldremos adelante solo cambiando nosotros mismos, más allá de lo que hagan Estados Unidos o los países ricos.

El libro que regaló Chávez llevaba la dedicatoria “Para Obama, con afecto”. Veremos cuánto dura el cariño.

miércoles, abril 22, 2009

¿Buena vida?

Estoy echado en la playa. El sol brilla. Las olas del mar revientan en la arena. Y el sabor amargo y refrescante de una cerveza helada baja por mi garganta. Me he traído el periódico. Los problemas del mundo duelen un poco menos con los pies en la arena.

Me detengo en la nieve y el frío del noreste de Estados Unidos. Nueva York, Washington y Filadelfia están congelados bajo una montaña de nieve. En la foto se ve a gente con nieve hasta las orejas. Pienso: que rico estar aquí, en pleno invierno costeño, bajo el sol, el calor y esta biela refrescante. Pero luego lo vuelvo a pensar: ¿no sería mejor congelarme en la nieve del primer mundo en lugar de broncearme en esta arena del tercer mundo?

Alguna vez escuché en una conferencia que muchos países ricos habían alcanzado su alto nivel de desarrollo gracias, en parte, a que deben soportar el crudo y frío invierno. El duro clima obligó a sus habitantes, desde los antepasados de sus antepasados, a trabajar más durante las estaciones cálidas para cultivar y reunir alimentos, cazar animales que les den abrigo, y hacer todo lo necesario para sobrevivir los meses de invierno. Además, debieron construir casas fuertes con materiales resistentes que soporten las peores nevadas. Confeccionar sus abrigos. En fin, estar listos. La llegada del mal clima los obligó a desarrollar ese sentido de trabajo duro, previsión, ahorro y todas esas cualidades que contribuyen al crecimiento de un país.

En nuestras cálidas tierras, en cambio, nuestros antepasados la tuvieron más fácil. Verano eterno. La canción “Don’t worry, be happy” de Bobby McFerrin encabezaba la banda sonora de nuestras primeras civilizaciones. Buen clima. Frutas caída del cielo. Durante el año entero sobraban los alimentos. Podían andar desnudos sin problema. No había necesidad de complicarse inventando nuevas armas y sacarse la madre matando animales peludos para confeccionarse abrigos. Una chozita y una hamaca bastaban para cubrirse del sol y pegarse una siesta. Nada de casas complicadas y resistentes para protegerse. Eso de ahorrar y prepararse para el mal clima no lo conocían. Se acostumbraron a tomarse la vida con calma. Y hemos heredado esa actitud con el paso de las generaciones.

No se que tan válidas sean estas teorías, pero tienen sentido. Tuvimos demasiado sencilla la cosa. Y como todo lo que viene fácil, lo hemos desaprovechado. Nos sucede en especial a los países petroleros. Vivimos la paradoja de ser los más pobres a pesar toda esa riqueza que nos llega solita del subsuelo, sin que hagamos gran cosa para ganarla. Nos volvemos pasivos esperando que nos mantengan, nos den de comer y que mañana, como hoy, brille el sol y haga calor. Ponernos a trabajar de verdad está fuera de lugar.

No se por qué todo esto me da vueltas por la cabeza mientras me tomo mi cerveza en la arena. De repente no puedo disfrutar tanto el momento. El sol, el mar, la playa están bien. Pero la nieve me atrae. El mal clima me llama. Quiero caminar con nieve hasta el cuello, rodeado del desarrollo y el trabajo de ese primer mundo. Esta playa y sol nos terminan pasando la factura de una sociedad estancada.

Se me acerca un vendedor de cocos y rompe mi reflexión. ¡Qué maravilla! Te traen el coco a tu silla en la playa, tomas esa agua refrescante, y aquí mismo te lo parten a machetazo limpio. Delicioso coco. Delicioso sol. Delicioso clima. Y mañana es feriado con puente obligado. La buena vida. ¿La buena vida?


* Publicado en revista SoHo de Abril.

jueves, abril 16, 2009

Reír llorando

En el año 92, durante su campaña presidencial, Bill Clinton apareció en el popular show de Arsenio Hall. Con gafas oscuras, Clinton tocó el saxofón. Muchos dicen que ese momento fue crucial en su campaña para ganarse la simpatía –y los votos– de miles de personas que se identificaron con el joven y moderno candidato.

Los políticos han entendido que los votos se ganan contagiando simpatía. Más que por promesas o planes específicos, al final votamos por el candidato que se gana nuestra confianza y nos cae bien. Los votos cada vez se ganan menos en debates o entrevistas profundas. Se ganan entre bailes, canciones y bromas en programas de TV.

Este domingo, varios candidatos llevaron al extremo esta realidad al aparecer en el divertido programa ‘Buenos Muchachos’ (el mismo que tuvo que salir de uno de los canales incautados por sus críticas al Gobierno). Fue, como lo anunciaban los animadores del show, toda una “fanesca política”.

El programa me dejó más claro que antes que bajo las reglas de juego actual los candidatos no pueden realmente darse a conocer. Al estar limitados a un mínimo espacio publicitario, les toca recurrir, más que antes, a simples eslóganes y cualquier efecto creativo que haga que la gente los recuerde. La dizque igualdad para todos los candidatos los termina hundiendo en el mismo anonimato, mientras quienes van por la reelección tienen todas las de ganar al ser los únicos con los medios y cobertura para ser escuchados. La supuesta igualdad de condiciones termina siendo lo contrario.

En el programa del domingo los candidatos repetían su eslogan y un par de promesas acompañados de algún recurso visual. Parecían vendedores ambulantes, que ofrecen sus productos sin dar mayor explicación. Ahí, en ese programa y en estas elecciones en general, no hay tiempo para sentarse a explicar las cosas.

Tal vez idealizo elecciones pasadas, pero siento que al menos conocíamos a los candidatos principales y sus propuestas. Había un encuentro de ideas y proyectos que podíamos comparar. Los candidatos se exponían más tiempo en los medios. Hoy, venden eslóganes, gestos e impresiones en pocos segundos.

Álvaro Noboa repite que “de aquí en adelante el grito de la calle va a ser ¿De qué se ríe Correa?”. Pierina Correa canta inspirada. Rafael Cuesta con la boca pintada con la bandera de Guayas dice que “esta boca habla por Guayas”. Dalo Bucaram y su esposa Gabriela Pazmiño, se apoderan del escenario, cantan, y repiten mil veces su eslogan “Dalo por hecho”. Lucio Gutiérrez trae “una pistolita para hacerle pum pum a los precios altos de los víveres” y “una cajita de fósforos para quemar los precios altos del que sabemos” mientras repite que “Con Lucio todo era barato, ahora todo está caro”. Y así pasan al escenario los candidatos con sus ventas, tratando de convencernos en pocos segundos.

El programa me hizo reír. Pero en el fondo, da ganas de llorar por el básico nivel de nuestros candidatos y de campañas con las que se supone debemos decidir nuestro voto. Salvo pocas excepciones, como las campañas de Barrera y Ricaurte, candidatos a la Alcaldía de Quito, que constantemente debaten y discuten sus planes, aquí para ganar toca cantar y bailar. Y a nosotros, reír para no llorar.

jueves, abril 09, 2009

Planchazo revolucionario

¿Puedes nombrar a los quince candidatos a asambleístas nacionales por los que votarás este 26 de abril? ¿Identificarías las fotos de los asambleístas provinciales o los concejales junto a las que marcarás la papeleta? Yo tampoco.

Vuelve con fuerza el planchazo impersonal.

Correa apoyaba la creación de distritos electorales y la eliminación del planchazo. Basta googlearlo un poco para ver cómo incumplió su promesa.

En la página web de su primera candidatura, www.rafaelcorrea.com, aparece un comunicado titulado ‘Correa denuncia que León Roldós rompió el acuerdo para la convocatoria de una consulta popular por la Asamblea Constituyente’. El acuerdo, suscrito en agosto del 2006 por Correa, Roldós y Ehlers, incluye, entre otras cosas, “eliminar el voto en plancha”. Así de claro y puntual. ¿Quién rompió el acuerdo al final?

En la misma página web, aparecen declaraciones de Correa, donde indica: “Creemos necesario un sistema de distritos para que cada territorio esté representado, para que la gente le pueda exigir a sus representados rendir cuentas”. Yo ilusamente le creí. Y aquí estamos, igual que antes, sin ningún cambio.

Otra más. En su entrevista con la Asociación de Canales de TV, en diciembre de 2007, Correa dijo: “Es necesario una democracia mucho más representativa y mucho más participativa. Hoy el Congreso Nacional no representa absolutamente a nadie. Se diluye la responsabilidad. No hay rendición de cuentas. En consecuencia hay que hacer nuevos distritos electorales, donde los elegidos en verdad se sientan obligados con sus representados y esos representados les pueden pedir rendición de cuentas”.

¿Qué pasó en el camino? ¿Entendieron que esto de los distritos no ayudaría en sus estrategias por captar todos los espacios de poder? ¿Descubrieron que el voto en plancha, que antes aborrecían porque beneficiaba a los partidos poderosos, ahora no sería tan mal negocio?

Correa creía en esto. Por eso lo repetía. Pero el deseo de poder a veces opaca convicciones.

Votaremos nuevamente en plancha por gente que no conocemos, sin propuestas ni rendición de cuentas. En la página web del Consejo Nacional Electoral encontraremos caras de candidatos que nunca hemos visto, voces que nunca hemos escuchado, nombres que nunca hemos leído. Y lo irónico es que votaremos por ellos.

Si al menos nuestros partidos políticos tuviesen una ideología definida, estaríamos votando, más allá de no conocer a los candidatos, por una postura y políticas específicas. Pero acá, los partidos patean para todos lados y con las dos piernas. Empezando por Alianza PAIS. Ahí conviven las más diversas posturas ideológicas y pasados políticos. El planchazo, que favorece la imagen vacía por encima de cualquier propuesta o definición ideológica, nos terminará atrapando.

Pero siendo egoísta, el planchazo a mí tampoco me viene mal. El CNE ha tenido la gentileza de escogerme nuevamente como miembro de una junta receptora de voto este 26 de abril. No quiero ni imaginar lo que será el conteo de votos para asambleístas. Por eso, si te toca votar en mi mesa, por favor, ayúdame a regresar temprano a mi casa. Vota todo en plancha. Así contamos rapidito.

¡Que viva el planchazo! El país, como siempre, que se aguante a los políticos de siempre, que ofrecen lo de siempre, y cumplen solo lo que les conviene.

jueves, abril 02, 2009

Reciclaje

Este domingo EL UNIVERSO publicó un reportaje de esos que no gustan en Carondelet.

En el reportaje vemos que este Gobierno sabe reciclar, no papeles o botellas, sino políticos de esa partidocracia que tanto critica. El movimiento supuestamente de cambio terminó siendo igual a todos.

Alianza PAIS acoge a la partidocracia. Sus puertas están abiertas para cualquier candidato con posibilidades de ganar, sin importar de donde venga. El partido, que llegó al poder como una alternativa a esa partidocracia gastada, hoy está conformado justamente por varios miembros de esos partidos y tendencias tan criticados.

Alianza PAIS es libre de recibir en sus filas a cualquier político. Y cualquier político puede unirse a Alianza PAIS. Pero resultan bastante sospechosos estos camisetazos.

Aquí no se dan cambios porque el prianista de ayer hoy descubre que su vocación está en el Socialismo del Siglo XXI de Alianza PAIS. No, su cambio se da porque sabe que en el Prian no tendrá las mismas posibilidades de ganar que en el partido presidencial.

Por su lado, el Gobierno no acoge a estos candidatos porque apruebe su ideología o experiencia. Los recibe porque tienen posibilidades de ganar. Así de simple.

Hoy todos se trepan a la camioneta verde. Y Correa los recibe con brazos abiertos en lugar de oponerse a ellos. Total, lo que importa es ganar. Es tener la mayor cantidad de alcaldes, prefectos, concejales, asambleístas del lado del Gobierno. La ideología y currículo no importan. Derechas, izquierdas, socialistas, capitalistas, pasados políticos, da igual. Lo importante es el poder por el poder. Demostrar que son más. Que dominan. Que al resto, a esa partidocracia –a la que hace poco pertenecían muchos de sus candidatos– le dan paliza.

El reportaje identifica a varios miembros de la partidocracia que ahora juegan con la 35. Muchos de estos candidatos de la partidocracia, “son caudillos en sus provincias. Empresarios o dirigentes, que al menos en el 90% están entre las personas de mayor poder económico en sus localidades. Y, aunque estuvieron vinculados a los partidos Roldosista, Social Cristiano, Sociedad Patriótica y Prian… hoy son candidatos por el movimiento gobiernista, PAIS”.

Las camionetas roldosista, socialcristiana, prianista y de Sociedad Patriótica están tubo bajo. Ya no jalan como antes. Los candidatos se bajaron de ellas. Ahora se suben a la 4x4 del Gobierno. Esa arrasa y está bien tuneada. Hay plata en esa camioneta. La nuestra para conseguir votos.

Por eso, aunque el Gobierno nos hable de una revolución ciudadana, de un cambio de época, de corazones ardientes, y de una patria de todos, sabemos que estamos ante los mismos jugadores de siempre que ahora juegan para otro equipo. Pasarán los años y aparecerá un nuevo candidato que llegue al poder ofreciéndonos combatir a la dominante partidocracia de Alianza PAIS. El mismo discurso con el que llegó Lucio Gutiérrez. El mismo discurso con el que Rafael Correa conquistó los votos. ¿Se detendrá algún día el círculo vicioso?

La partidocracia no ha muerto. Está más viva que antes en las filas gobiernistas. Los mismos rostros con nueva camiseta. La misma política con nueva etiqueta. ¿Quién nos saca del hueco? ¿Para cuándo las caras y propuestas nuevas?

miércoles, abril 01, 2009

Revista la U. - Abril 2009

Ya está circulando la U. de abril en tu universidad!!!



Para pautar en revista la U. escribe a revistalau@yahoo.com. Envíanos tus artículos, fotos, ideas o comentarios a revistalau@yahoo.com.

jueves, marzo 26, 2009

Buques en el mar

Estoy trotando por el malecón de Salinas. Cuatro buques militares me interrumpen el azul del mar. Descansan grises y pesados frente a la playa. Me pregunto: ¿los necesitamos?

Lo militar acompaña nuestras vidas. Desde la escuela marchábamos como pequeños soldados con el izquier, dos, tres, cuatro. A los 18 debimos presentarnos para que nos examinaran y nos entregaran un carné. Los jóvenes de hoy al menos se ahorrarán ese trámite. Si algo bueno dejó la Asamblea Constituyente –al menos una cosa– fue terminar con la ridiculez del servicio militar obligatorio.

Los militares reaparecen por diversos motivos. A veces los vemos junto al presidente de turno en las graderías de sus desfiles donde hacemos alarde de todo el dinero gastado en tanques y aviones. A veces aparecen como “garantes de nuestra democracia” decidiendo quién se queda o quién se va de Carondelet.

El mundo está acostumbrado a la presencia militar. Vemos casi normal que se despilfarre el dinero de países chiquitos y pobres como el nuestro en aviones que nunca irán a una guerra, en buques que jamás enfrentarán un enemigo, en fusiles que se dispararán solo en simulacros. Y nuestros gobernantes, que necesitan el apoyo de las fuerzas armadas, aprenden desde el primer día a mantenerlas contentas gastando nuestra plata en ellas.

Se puede entender que las grandes potencias tengan grandes ejércitos. Les toca. Pero países como el nuestro, ¿necesitamos grandes ejércitos y tanto armamento para pelear con enemigos que no tenemos? Perú no es nuestro enemigo. Firmamos la paz con el Perú y acabamos con ese absurdo conflicto. Colombia no es nuestro enemigo, aunque Correa diga lo contrario.

Esa postura presidencial de hacer del gobierno colombiano nuestro enemigo –más que a las FARC– solo sirve para justificar un mayor gasto militar. Nada como crear un enemigo externo para botar plata en más armamento.

En Latinoamérica somos tan parecidos. Somos la misma gente. Y sin embargo nos continuamos armando hasta los dientes. ¿Será porque nos tenemos real desconfianza? ¿O será porque hay que mantener la idea del peligro latente para justificar más bases, aviones y armamento? Latinoamérica arma ejércitos para jugar a la guerra entre países vecinos, cuando en realidad el peligro es interno.

Sin duda las Fuerzas Armadas nos han enorgullecido muchas veces. Les debemos respeto por protegernos. Pero yo me sentiré más seguro como ecuatoriano el día que nos ocupemos mucho más de la seguridad interna que de supuestas amenazas externas. El real peligro está aquí entre nosotros, en la delincuencia en las calles, sin importar la nacionalidad del criminal. Ahí debe estar el enfoque del gasto en seguridad. Esa delincuencia se combate con una Policía profesional y bien equipada. Se combate con más educación. Y eso cuesta plata, tantas veces desperdiciada en gastos militares innecesarios.

Sigo trotando, ahora en Chipipe. La calle continúa pero no puedo avanzar. Ahí está, inmensa y desperdiciada, la Base Naval de Salinas. ¿Qué misión real cumple esa base para nuestra seguridad? Doy media vuelta y continúo mi camino, mientras sueño que un día ese espacio de pocos será de todos. Que un día tendremos un gobierno con la decisión para iniciar el verdadero cambio hacia un Ecuador más seguro donde lo militar pase desapercibido.

domingo, marzo 22, 2009

Me quejo

Talvez es el calor, la humedad y las lluvias que vivimos en Guayaquil estos días. Talvez es la maldita gotera que se abrió en media sala de mi casa. O talvez es la política ecuatoriana, liderada por un Presidente que se dedica a cantar canciones protesta, insultar cada sábado a una nueva víctima y alabar a Fidel, Chávez y el Che, mientras el país se va hundiendo en el atraso. Talvez es la unión de todo eso.

Lo cierto es que he llegado este lunes al trabajo quejándome por todo y con ganas de quejarme más de las estupideces cotidianas que nos toca vivir. Insignificantes quizás frente a los grandes problemas del país, pero suficientes para amargarnos momentos de la vida.

Empiezo a quejarme.

Me quejo de los expertos en corchar ascensores. Van a trabajar todos los días. Suben y bajan ascensores a diario. Pero igual, se empeñan en entrar al ascensor antes de que uno pueda salir de él. Las puertas se abren, uno se dispone a salir libremente del ascensor, y nunca falta ese que empuja su cuerpo hacia adentro creando un absurdo y tercermundista embotellamiento humano.

Junto a ellos, coexiste otro espécimen del mundo de los ascensores de oficinas. El que presiona el botón para bajar cuando va a subir, y el botón para subir cuando va a bajar. Lo que le importa es que se abra la puerta del ascensor y entrar en él. Si sube o baja da igual. Que los ascensores se demoren en llegar por su culpa, da lo mismo. Por eso, me he encontrado con ciertos edificios de oficinas que muy didácticamente intentan educar a este espécimen laboral: junto al botón con la flecha para arriba aparece un letrerito que dice “oprima este botón solo para subir”, y junto al botón con la flecha para abajo, un letrerito repite “oprima este botón solo para bajar”. Siento vergüenza ajena ante lo que un extranjero puede pensar al leer esta obviedad. Pero no aprendemos.

Me sigo quejando.

Me quejo, sobre todo en esta época de viajes a la playa, del idiota que viaja a cincuenta kilómetros por hora por el carril izquierdo. De nada sirven los carteles que dicen que maneje por el carril derecho, y que la izquierda es solo para rebasar. Es inútil hacerle luces para que se haga a un lado y te deje pasar. El sigue tranquilo. Ni se inmuta. A veces es por ignorancia, a veces porque les da la gana. Taponan carreteros, causan accidentes, y ellos campantes comiendo su empanada por el carril izquierdo.

Más quejas.

El que se te pega en la cola. La del banco, la del aeropuerto, cualquier cola. Hay espacio suficiente para todos. No hay razón para estar tan juntitos. Pero igual se te pega. Te respira en la espalda. Sientes su respiración caliente, su tufillo, su brazo rozando tu brazo. Cree que pegándose más a ti la cola avanzará más rápido, que el cajero se apurará contando billetes o que el avión no lo dejará botado. Y cuando alguien avanza adelante tuyo, te empuja con su cuerpo para que también te adelantes. ¡Señor, el avión no lo va a dejar!

Y una queja más.

Los que pitan. Pitan antes de que la luz cambie a verde como anunciándote que te vayas preparando para avanzar. Pitan para pasar. Pitan para avisar que ya llegaron. Pitan para saludar al del carro de al lado. Pitan y vuelven a pitar por el malsano placer de interrumpir nuestra tranquilidad pitando. Estos sujetos suelen conducir taxis destartalados, buses con leyendas de “Cristo te ama”, o autos dizque tuneados con peluches colgando del retrovisor. Y suelen amargarte tu viaje a Salinas bloqueando el carril izquierdo.



* Publicado en revista SoHo de Marzo.

jueves, marzo 19, 2009

Voto doloroso

Rafael Correa. Lucio Gutiérrez. Álvaro Noboa. Martha Roldós. Cuatro nombres en los que se resume el triste panorama de la política ecuatoriana.

Rafael Correa ganará. De eso no hay duda. Pero estas elecciones quedarán como un recordatorio de que la política no cambia, que no hay voces que valgan la pena, que algo distinto deberá suceder en cuatro años si queremos salvarnos.

Noboa y Gutiérrez, representan el pasado que queremos dejar atrás. Correa es el presente del que queremos librarnos. Y Roldós es una reacción valiente al presente, pero una reacción que nos llevaría en una dirección equivocada.

Gutiérrez. No se puede esperar mucho de un ex presidente que se hizo famoso por liderar un golpe de Estado. Linda forma de pretender dirigir una democracia. Su paso por la presidencia fue una oportunidad perdida. El dictócrata se burló de la democracia. Lo echaron a la calle. Hoy su credibilidad es escasa. No suenan tan mal algunas de sus propuestas, pero ¿cómo creerle?

Noboa. ¿Será que disfruta perder elecciones? Esta será su cuarta derrota. Su papel como candidato a la presidencia se ha caracterizado por hacernos sufrir a los ecuatorianos de una terrible vergüenza ajena colectiva. Aunque esta vez ha dicho que no utilizará la religión y el show en su campaña (no más Biblia al aire, rezos arrodillados, y conversaciones directas con el más allá), ya lo conocemos y sabemos que es difícil ese cambio. Noboa representa la política que debemos enterrar: partido político con dueño, sin real ideología, creado para llevarlo al poder; campañas y discursos populistas donde los votos se consiguen con promesas imposibles; ausencia de ideas y planes reales de cambio.

Roldós. Admiro su oposición a este Gobierno con el cual ella simpatizaba inicialmente. Su voz en estas elecciones representa a esa izquierda desencantada con este Gobierno cuya ideología se ha limitado a la acumulación de poder. Representa a muchos que votaron llenos de esperanza por Correa. Que se identificaban con Alianza PAIS. Pero que ya no pueden apoyar a un Presidente que manda a detener a cualquiera que lo mira mal, por dizque ofende su majestad. No pueden identificarse con un socialismo, cuyo principal enfoque no es el bienestar de la sociedad, sino mantener la popularidad suficiente para reelegirse eternamente. Lastimosamente Roldós apoya una izquierda radical alejadísima del camino que nos puede llevar al progreso.

Y Correa. Prometió cambio. Y lo trajo. Un cambio para mal. Cambio hacia el autoritarismo, el Estado obeso y la concentración de poder. El cambio que no queremos. Su gobierno despilfarró nuestro dinero a cambio de popularidad y votos. Su estilo espantó la inversión. Y hoy, sin la plata de antes, los problemas serán reales y tocarán cada uno de nuestros estómagos y billeteras.

Ya nos ha tocado en el pasado votar por el mal menor. Pero creo que nunca como ahora ha sido un voto tan doloroso. Ni siquiera tenemos la vaga esperanza de que el mal menor pueda ganar o incluso alcanzar la segunda vuelta.

Si bien el voto nulo representa un rechazo a todos y todo, no ayuda en nada. Mejor votar por alguno, que desperdiciarlo en ninguno.

Voto doloroso. Voto vacío de esperanza. Voto que daré al que vaya segundo, en rechazo a este Gobierno.

jueves, marzo 12, 2009

Chávez otra vez

Parece que de Chávez solo hemos visto el comienzo. Lo suyo es seguir el mismo camino de su maestro en Cuba. El camino a la profundización del “Socialismo del Siglo XXI”.

Chávez inicia una nueva ofensiva contra la empresa privada y el sector agroindustrial, con la demagógica excusa de la soberanía y seguridad alimentaria. Lindas palabras para legitimar un robo. Chávez ha intervenido o expropiado empresas arroceras y de alimentos. Y parece que no se detendrá.

Sus expropiaciones hasta llegaron a la ciudad. A la Coca Cola le dio dos semanas para dejar un estacionamiento en Caracas. El área sería más revolucionariamente útil con un proyecto de vivienda. Según Chávez, se trata de convertir la propiedad privada en “propiedad social”. Otro de esos términos con los que los dictadores se apropian de cualquier cosa.

Y para aumentar sus atropellos y demostrar que su voluntad se impone hasta en lo más insignificante, Chávez ordenó la clausura de la exhibición Bodies revealed en Caracas.

Pude visitar esta exhibición en Nueva York. Presenta cuerpos humanos preservados de una forma innovadora y sorprendente. Cuando visité la muestra, decenas de niños aprendían y descubrían más sobre el cuerpo humano como nunca lo podrían hacer en sus libros de clase.

Para Chávez, que como Correa tiene esa facilidad de opinar y meterse en todo, la muestra se trata de “un espectáculo macabro” que refleja la “descomposición moral que sacude el planeta”. Así que, como buen dictador, mandó a cerrar la exhibición, dizque por un delito aduanero en el ingreso de los cadáveres al país.

Ahí es cuando se ve la diferencia entre una democracia y una dictadura. En los países democráticos, varios grupos se han opuesto a esta exhibición. Han protestado ante las autoridades. Han creado páginas webs y comunidades que reúnen firmas rechazándola. Y las autoridades han actuado según la ley, permitiendo la instalación de la exhibición.

Pero no en Venezuela. Si al Presidente no le gusta, la exhibición se cierra. Si al Presidente no le gusta el precio del arroz, se lleva las arroceras. Si el Presidente quiere construir viviendas en la ciudad, simplemente toma cualquier terreno privado. ¿Imaginan a un presidente de una democracia actuando de esa manera? ¿Imaginan esto sucediendo aquí con nuestro Presidente? Si lo podemos imaginar, nuestra “democracia” deja mucho que desear.

Chávez y su socialismo imponen una cultura: su cultura (o falta de cultura). Una visión: su visión. Una ideología. Un modo de pensar. El Socialismo del Siglo XXI, como todos sus antecesores ideológicos, solo funciona en una dictadura en la que se imponen ideas y decisiones. Solo puede existir suprimiendo la libertad individual.

Eso de las elecciones es puro maquillaje. Chávez empieza a perpetuarse en el poder como su maestro Fidel solo pudo soñarlo: con el voto popular que “legitima” sus abusos. Al fin y al cabo, ¿le importa a la mayoría si su presidente cierra una exhibición o interviene empresas privadas? ¿Valora la mayoría de personas la libertad individual cuando su líder los mantiene contentos con bonos y demagogia?

Y acá, ¿nos importa? ¿Entendemos que sin libertad no hay futuro? ¿Permitiremos la profundización del “Socialismo del Siglo XXI”?

jueves, marzo 05, 2009

Nerviosos

Estamos nerviosos.

En España, el número de desempleados se acerca a los 3,5 millones. Tiemblan los bancos más poderosos de Estados Unidos y Europa. Tambalean gigantes como General Motors y Ford. Por nuestros barrios el petróleo no sube de precio, las remesas disminuyen, las inversiones escasean y la actitud de este gobierno no ayuda a que la plata venga.

Lejos han quedado esas desatinadas expresiones de Correa: “¡A mí qué me importa la crisis de Estados Unidos! ¡Qué nos interesa lo que pase afuera!”. Importa. Y mucho.

La semana pasada Diego Borja, ministro coordinador de Política Económica (otro de esos inventados ministerios “revolucionarios”), dijo en una entrevista que la dolarización está en peligro. Eso ya lo venían diciendo varios analistas. Pero cuando una autoridad del Gobierno lo dice, es para ponerse más nervioso.

Borja dice no entender por qué los banqueros sacan la plata del país alegando que el Ecuador es muy riesgoso. “¿Qué país en estos momentos de la crisis financiera internacional no es riesgoso?”, se pregunta el Ministro.

Yo solo sé que si los bancos prefieren tener su plata afuera, aun estando el resto de países en crisis, nos damos una idea de la poca confianza y verdaderos riesgos que aquí existen.

El Gobierno quiere que los banqueros traigan la plata y la presten para generar más actividad económica. El Gobierno ofrecería estímulos tributarios e inyectaría 800 millones para asegurar la liquidez de la banca. Pero dudo que la banca sienta la confianza suficiente para traer la plata de los depositantes. Esa confianza se la debe ganar el Gobierno brindando la seguridad y estabilidad que sistemáticamente ha venido destruyendo.

Según Abelardo Pachano, en una entrevista en reacción a las declaraciones de Borja, “hay que agradecer que tenemos recursos a la disposición del sistema financiero, porque si eso hubiera hecho simultáneamente el gobierno con las cuentas públicas, no estaríamos tan preocupados y tan agobiados por las secuelas de la crisis internacional”. Es decir, si el Gobierno en lugar de despilfarrar la plata, hubiera sido más precavido como la banca privada, el panorama no sería tan grave.

No estaríamos tan nerviosos como andamos estos días, imaginando una caída de la dolarización. Esa horrible pesadilla. Nuestros depósitos y sueldos hechos polvo. Gente corriendo a sacar su plata de los bancos. Y este gobierno con la maquinita para imprimir billetes según su estado de ánimo.

Lo irónico es que por ahí nos quieren vender la idea de que esa pesadilla sería más bien un dulce sueño. Un reciente estudio de la Senplades dice que el 89% de los ecuatorianos cree que su condición de vida actual es peor que antes de la dolarización. Tal vez el estudio no recoge que la situación de los ecuatorianos sería aun peor sin dolarización. Simplemente no veo a la gente sonriendo más porque les paguen el sueldo con un instantáneamente devaluado nuevo sucre, rafico, o como bauticen al pobre niño.

Borja dijo en su entrevista que “es política del Gobierno defender la dolarización, y por una sola consideración, porque contribuye a mantener el poder adquisitivo de las familias ecuatorianas”. Queremos creerle. Pero cada día es más difícil.

miércoles, marzo 04, 2009

Revista la U. - Marzo 2009

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jueves, febrero 26, 2009

¿Entendiéndonos?

“Yo no entiendo cómo los jóvenes ecuatorianos, que hablan más de un idioma, se conectan a la internet, tienen el celular en sus manos, cómo pueden seguir un modelo económico y político caduco y contrario a los intereses del país…”, dice el ex presidente Osvaldo Hurtado en una entrevista en la última Vistazo.

Yo tampoco entiendo.

Entiendo que quien vive en extrema pobreza se emocione con el candidato-presidente Correa. Que le crea sus discursos demagógicos y cadenas contra los ricos, los países poderosos, los empresarios, las multinacionales y la prensa. Que espere que el Gobierno toque su puerta y le entregue comida, bono y casa nueva.

Pero no entiendo ese apoyo entre quienes sí conocen el fracaso de los modelos socialistas, en particular este socialismo autoritario criollo que Chávez lidera.

¿Por qué votamos tan emocionados por recetas fracasadas? ¿Por qué aquí hablar de socialismo y alabar a Cuba es un activo en lugar de suicidio político?

Ni los más izquierdistas de Europa, Estados Unidos y otras tierras políticamente maduras votarían por nuestros Correas, Chávez y compañía. No aceptarían un presidente que desprecie la iniciativa privada, la libertad individual, la libertad de prensa y que reduzca a los ciudadanos a receptores pasivos de la caridad estatal, en lugar de generadores activos de su propio bienestar. Acá los elegimos presidentes. Y lo que es peor, los reelegimos.

Gran parte de la culpa la han tenido y tienen ciertos representantes de la derecha ecuatoriana, supuesta abanderada del libre mercado, la iniciativa privada, y un Estado que no meta sus narices por todos lados. En lugar de generar oportunidades para todos, en un clima de libertad que atraiga inversiones y genere el emprendimiento individual, se beneficiaron del Estado, favorecieron a unos pocos y olvidaron a la mayoría de ecuatorianos. Hoy hablar de derecha en nuestro país se ha convertido en vergüenza. ¿Cuándo fue la última vez que un candidato se calificó de derecha con orgullo?

El reportaje de Vistazo nos cuenta que “Hurtado admitió que cuando gobernó el país a inicios de los ochenta seguía un guión económico equivocado. Ese mismo recetario lo ha desempolvado, sin ningún desparpajo, el gobierno de la Revolución Ciudadana en pleno siglo XXI”.

Hurtado creía en ese Estado todólogo como Correa. Con el tiempo, su experiencia, estudios y la realidad del mundo le hicieron ver su error. El actual Gobierno vive a diario ese error que Hurtado y muchos como él superaron. Alan García, en Perú, pasó por el mismo proceso de entendimiento. Varios países de la región ya superaron esos extremos. “Socialistas”, como Bachelet en Chile, pertenecen a un mundo de ideas que aquí se considerarían de centro. Nosotros no entendemos. Nos gobiernan ideas que deberían descansar en el cementerio.

Es difícil entender a universitarios, jóvenes profesionales y empresarios, que mientras sueñan con vivir y trabajar en un primer mundo capitalista, apoyan aquí las candidaturas socialistas más tercermundistas. ¿Serán menos en estas elecciones?

Las lecciones de la historia parecen no importar. Aquí nos seducen evocando al Che y hablando de justicia social, mientras hacen huir la inversión nacional y extranjera, acaban con las fuentes de empleo, y (de)forman otra nueva generación acostumbrándola a la caridad del papá Estado.

¿Quién nos entiende?

domingo, febrero 22, 2009

Pollas

Escribo este artículo mientras mis alumnos de la universidad toman examen. Antes de entregarles la hoja que deberán resolver, les hago una advertencia: “al que intente copiar o saque una polla le pongo cero”. Así de simple.

Mientras los estudiantes escriben sus respuestas en silencio, recuerdo a mis profesores del colegio. Tenían un sistema bastante elástico en relación a la copia: “La primera vez que los vea copiando les quito dos puntos. La segunda les quito cinco. A la tercera les quito el examen y les corrijo sólo lo que tengan contestado”. ¡Y así y todo tenía amigos que se quedaban de año!

La trampa en el colegio es algo que se asumía desde el primer día. Los profesores se resignaban a simplemente mantenerla a un nivel moderado. No faltaba el profesor que se unía de frente al sistema. “Si van a copiar háganlo en silencio sin que yo me de cuenta”, nos decía el descarado.

Vivimos en un país y una cultura copiona, plagiadora, llena de pollas escondidas bajo el pupitre o el hilván de la falda. Nuestros colegios son centros especializados en la copia. Nuestros profesores no se alarman. Nuestros padres hasta se divierten cuando les contamos nuestras estrategias de copia empleadas en clase. O comparten sus propias estrategias para que las intentemos en la próxima lección.

“¿Qué tal te fue en el examen mijito?”, pregunta la mamá. “Bien, con ese profesor es facilito copiar. Yo le copié todo a Pedro que es el más aplicado de la clase”, contesta el mijito. La mamá se enorgullece de su hijo tan sabido y respira tranquila al saber que no le dañarán sus vacaciones con otro supletorio.

Siempre me he preguntado si la corrupción de políticos, contrabandistas, y mafiosos criollos en nuestro país se inicia la primera vez que le copian al compañero de la banca de al lado. ¿Existe alguna relación entre las trampas en clase con las trampas en la política y los negocios? ¿Son los más copiones de clase quienes luego se convierten en los más corruptos en la vida?

Difícil saberlo con precisión. Tengo amigos que fueron expertos en la copia y hoy son ciudadanos honestos. Pero en general, parecería que como sociedad sí hay cierta relación. Mientras más corrupto es un país, más copiones son sus estudiantes.

Yo nunca fui muy copión. Pero recuerdo claramente tener una super polla detrás de mi calculadora con todas las fórmulas de física. Simplemente me era imposible memorizar tantas fórmulas.

Cuando llegué a la universidad en Estados Unidos no se me ocurría intentar copiar por nada en el mundo. El riesgo era muy alto. A más de uno habían expulsado por copiar o plagiar. Nada de cinco puntitos menos o te quito el examen. La copia era algo serio.

En la universidad nos hicieron firmar un compromiso de que actuaríamos siempre con honestidad académica. Eso incluía nada de plagio. En el colegio, mis trabajos de “investigación” consistían en copiar al pie de la letra lo que decía la enciclopedia Salvat o las láminas que vendían en la papelería. Cuando nos mandaban a investigar sobre la Batalla del Pichincha, por ejemplo, bastaba esperar que salga el suplemento en el diario y copiar hasta la última coma. En la universidad me enseñaron que eso se llama plagiar, va en contra de la honestidad académica y es causa de expulsión. Aprendí entonces a citar autores, consultar varias fuentes, utilizar mis propias palabras e ideas, y llegar a mis propias conclusiones cada vez que escribía un paper.

Un día, muy ingenuamente, mandé a mis alumnos un trabajo de investigación. Todos, salvo un par de excepciones, le hicieron copy-paste a lo que decía Wikipedia sobre el tema. Tuve que dedicar media clase a explicarles sobre el plagio. Ese día se acabaron los trabajos de investigación en mi clase.

La hora del examen está terminando. Me he dado una vueltitas por la clase y no he descubierto ni media polla ni a nadie copiando. Parece que me ha tocado un grupo de alumnos de los buenos. O se están riendo en mi cara con pollas muy avanzadas que no puedo descubrir.



* Publicado en revista SoHo de Febrero.

jueves, febrero 19, 2009

Sábados de vergüenza

Si de algo no pueden quejarse con este Gobierno los conductores de programas de entrevistas es de falta de material. Correa hace su trabajo más fácil. En especial, sus cadenas de los sábados son una rica fuente de controversias, insultos e ironías que dan condumio para varias entrevistas.

El zapping de canales cada mañana es un recuento de insultos presidenciales del sábado. La última cadena, “abusiva y populachera”, como la describió Jorge Ortiz, sirve como muestra. En ella, Correa demostró nuevamente que lo suyo es fregar a los demás, ocupándose de pequeñeces en las que un verdadero estadista no perdería ni un segundo de su tiempo.

Jorge Ortiz entrevista a Jaime Nebot. Le muestra las declaraciones de Correa en las que se queja por el amparo que impide al Gobierno emitir las cédulas de identidad de Guayaquil, cuya competencia fue cedida al Municipio. Exige que le permitan al Gobierno competir con el Municipio. Al menos Correa está aceptando que competir es bueno. Lástima que pretenda hacerlo absurdamente en un servicio que no lo justifica. Todos sabemos que esto es un capricho más del Gobierno, que pudiendo modernizar el Registro Civil de tantos otros cantones que lo necesitan, se mete a despilfarrar nuestra plata y armar escándalo y medio en la única ciudad donde la cedulación sí funciona eficientemente.

Ya que le gusta competir al Presidente, ¿qué tal permitir al Seguro Social competir con el sector privado para que cada ciudadano decida dónde ahorrar su propia plata? Pero claro, ahí dirá Correa que esto de la competencia es una cosa neoliberal, y que la seguridad social solo puede estar en manos del siempre solidario –y endeudado– Estado.

Cambiemos de canal. Carlos Vera entrevista a Leonardo Viteri, asambleísta de Manabí. Parte de la entrevista también se centra en el video de la cadena del sábado, donde Correa critica a Viteri con sus clásicas ironías y gestos tan poco presidenciales. La respuesta de Viteri a Correa va en el mismo tono de las acusaciones: “Yo tengo la suerte… de no tener traumas psicopatológicos, de no ser acomplejado, y de haber sido bien criado con el ejemplo de mis mayores”. Por ahí va la altura del debate político que el Presidente genera cada sábado.

Imagino a Correa en unos quince años, jubilado de la Presidencia, descansando en su exilio político. ¿Qué pensamientos pasarán por su calva cabeza recordando su presidencia? ¿Sentirá vergüenza de ese ridículo e inmaduro espectáculo que montaba cada sábado? ¿Le traerán los años la madurez y sabiduría suficientes para verse a sí mismo con ojos críticos y entender el mal que le hizo al país con sus bravuconadas, insultos, confrontaciones, egoísmos, caprichos y populismos? ¿O continuará desde sus clases universitarias en alguna universidad belga o venezolana –Chávez seguirá seguramente en el poder– despotricando contra la prensa y la oposición?

Para esas reflexiones falta mucho. Nos toca aguantar más espectáculos sabatinos. Nos toca seguir gobernados por un Presidente a quien, en lugar de poner como ejemplo para nuestros hijos, debemos desaparecer del televisor para que no aprendan de sus insultos e ironías. Nos toca otra elección en la que la mayoría votará por él. Vamos aprendiendo el masoquismo político venezolano.

jueves, febrero 12, 2009

Compañero Chauvin

Este caso Chauvin huele bastante mal. Pero seguramente, como con otros malos olores salidos del Gobierno estos últimos años, no pasará nada. Le darán la vuelta al asunto, encontrarán sus chivos expiatorios, nos convencerán de que nadie sabía nada de nada, y que viva la revolución ciudadana.

Correa será reelegido por la gran masa ecuatoriana que le sigue creyendo ilusamente o que simplemente no quiere votar por los gastados rostros de los otros candidatos. Si se prueba que su Gobierno es amigo de las FARC o que sus funcionarios tienen vínculos con el narcotráfico, será una manchita más que se lava con una buena dosis de detergente publicitario e insultos de los sábados.

Ya Correa, en su cadena del sábado, luego de pedirle disculpas a José Ignacio Chauvin por haber “reaccionado exageradamente motivado por el prestigio del Gobierno” y de felicitarlo por su “valentía” al haberse entregado, señaló implícitamente quién será el culpable de cualquier escándalo que se presente. ¿Adivinaron? La “prensa tremendamente corrupta”.

Pero resulta que esa prensa es la única que nos dirá las cosas como son. En la página web de la Presidencia o en el diario oficial El Telégrafo será difícil encontrar mayor información. Si no les gusta lo que dicen los periódicos los invito a visitar otras fuentes. Por ejemplo, el blog www.ecuadorsincensura.blogspot.com que señala, de forma clara y con videos bastante ilustrativos, las contradicciones de este Gobierno.

Eso de que las varias reuniones de Chauvin con el líder guerrillero Raúl Reyes hayan sido a título personal, en Colombia y sin que nada supieran sobre el campamento en Angostura es una historia difícil de comprar. Correa ya se protegió diciendo que si Chauvin se reunió con Reyes como funcionario del Gobierno en territorio ecuatoriano lo considerará traición a la patria. “No le perdonaré eso al compañero José Ignacio Chauvin, lo consideraré una traición a la revolución ciudadana.” Y con esa enérgica declaratoria quedará cerrado este tema. Vuelta a la página y que siga la fiesta.

Vendrán las elecciones. Vendrán las promesas. Vendrán los bonos, la sonrisa, los bailes y el canto. Vendrán los desayunos en el puesto de la comadre. Vendrá el político incansable que ocupa cada centímetro de la vida de los ecuatorianos. Y en poco tiempo olvidaremos quién era ese tal Chauvin.

Los ataques permanentes de Correa a la prensa dan resultados. Cualquier información que desprestigie al Gobierno será un invento de la prensa corrupta para desestabilizarlo. Así como el aumento de la delincuencia en el país era también un invento de la prensa. Así como los Pativideos eran inocentes videos caseros que no probaban nada.

“Lo más importante es la verdad y la justicia”, dijo Correa el sábado. Le tomamos la palabra. Quisiéramos creer que este Gobierno permitirá que se sepa toda la verdad y se llegue al fondo del asunto. Pero algo nos dice que sabremos las cosas a medias.

En su momento, seguramente hablarán funcionarios del Gobierno que, como ya ha sucedido, se van desilusionados y frustrados al ver que este supuesto proyecto de cambio no es más que otro proyecto personalista. Tal vez ahí descubriremos la verdad. Y la parte de la justicia, esa como siempre, tendrá que esperar.

viernes, febrero 06, 2009

Revista la U. - Febrero 2009

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jueves, febrero 05, 2009

Huérfanos

Estamos ante la elección presidencial más decepcionante de los últimos años. No hay opciones. Correa tiene el camino libre para cuatro años más de odios, autoritarismo y la destrucción progresiva de nuestra democracia y libertad.

No recuerdo una elección con tan poca participación y tantas decisiones de última hora. Hasta ahora, solo Martha Roldós y Luis Fernando Torres aparecen como débiles contrincantes.

Martha Roldós se presenta como oposición. Pero no lo es. Su argumento es que Correa ha traicionado su promesa de cambio. Yo no creo que Correa haya faltado a su promesa. Está cambiando este país hacia el socialismo que ofreció: Socialismo del Siglo XXI, el mismo socialismo de Chávez, el modelo venezolano y cubano que tanto alaba. No debe sorprendernos entonces su actitud autoritaria, sus ataques y su desprecio a la libertad individual.

Martha Roldós acusa a Correa de neoliberal por apoyar la minería en el país. ¿Es esa la “oposición” que confrontará a Correa? ¿Tendremos que escuchar debates sobre quién es más de izquierda, quién se opone más a las transnacionales, quién nacionalizará más industrias? Debate entre izquierda radical e izquierda chavista. Triste debate.

En estas elecciones estaremos huérfanos de ideas liberales que enfrenten el nacionalismo y estatismo de Correa con una visión que apunte al libre mercado y el emprendimiento individual.

Luis Fernando Torres será una voz que apuntará en esa dirección. Pero una voz muy débil.

Estamos huérfanos del candidato de oposición. Nos falta ese candidato que lo ponga a Correa en su lugar. Que nos muestre que este cambio que vivimos, es un cambio nefasto. Que este Socialismo del Siglo XXI es el camino seguro al fracaso, el desempleo, la concentración del poder, la pérdida de libertad, la opresión, la confrontación, el autoritarismo. El camino a más miseria.

Nos falta ese candidato que nos haga ver que los problemas del país no se solucionan quejándonos y culpando a terceros. Sino generando las condiciones para trabajar, competir y poner el hombro juntos con el apoyo de un gobierno socio; no un gobierno que persigue, hunde y ataca, mientras hipnotiza a las masas.

Estamos huérfanos de esa candidatura que muestre el cambio para bien. Que confronte el peligroso autoritarismo, absurdo socialismo, y aldeano nacionalismo de este Gobierno. Que nos muestre un camino basado en soluciones, no en confrontaciones. En enfrentar retos, no a personas. Un camino basado en el trabajo, el emprendimiento y el esfuerzo de cada ecuatoriano. No en un proyecto nacional único que pone a un burócrata a decidir lo que debemos hacer con nuestro tiempo y recursos, mientras se agiganta la maquinaria estatal metida hasta en la sopa.

Hoy todavía no sentimos todos los efectos de la errada conducción de este Gobierno, el desempleo por la falta de inversión en el país, o la escasez y altos precios. Pero pronto lo sentiremos. Y entonces ya será muy tarde para suspirar por otro candidato.

Ese candidato no llegó. ¡Qué falta que nos hará! Serán seis años –y quizás más– del gobierno equivocado.

Sin oposición que dé la cara, solo queda el periodismo libre e independiente para señalar los abusos y errores del Gobierno. Ahí, por lo menos, no estamos huérfanos.

miércoles, febrero 04, 2009

Bala universitaria

Un reciente domingo, mientras desayunaba tranquilamente frente al mar de Playas, me atraganté con un titular de diario El Universo que decía “Bala en los comicios de Universidad Católica”.

La noticia contaba de enfrentamientos y agresiones, que terminaron con disparos, entre estudiantes de la facultad de Leyes de la Universidad Católica de Guayaquil. Tres listas de estudiantes se enfrentaban en la votación para elegir a las dignidades de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho. Por lo visto se detectaron irregularidades e intento de fraude. Había papeletas adulteradas.

Estos días hay muchas malas noticias que te pueden dañar el desayuno de domingo con vista al mar. Tenemos una crisis financiera global que toca las puertas de nuestro país con fuerzas. Tenemos un Presidente, admirador del comunismo cubano, cumpliendo dos años de haber acumulado más poder del que nadie debe tener en este país. Tenemos fuertes lluvias golpeando casas indefensas. En fin, tenemos muchos problemas que nos pueden opacar el paisaje azul del cielo y el mar.

Pero fue esta noticia de la Universidad Católica la que más me preocupó. Y es que ante los problemas de hoy, siempre no decimos, con nuestro incorregible optimismo, que las próximas generaciones serán mejores y lograrán arreglar todo lo que hoy anda mal. Recurrimos al inagotable eslogan de que los jóvenes somos la esperanza. Nos convencemos que en las universidades de hoy se forma el próximo líder que nos inspirará.

Pero en las universidades ya vemos las mismas prácticas que en la política de afuera. Peleas, fraude, pugna de poder. Bala.

Por suerte no hubo muertos ni heridos. Los disparos seguramente fueron solo un aviso, una demostración de poder. Pero asusta pensar que entre los próximos abogados y políticos, salidos de una institución privada respetada, ya se den estas prácticas.

Tuve la oportunidad de vivir de cerca procesos electorales en las universidades donde estudié en Estados Unidos. Siempre me llamó la atención el respeto y seriedad con que se desarrollaban. Los candidatos hacían campaña de puerta en puerta, presentaban sus propuestas, empapelaban el campus con sus eslóganes, y el día de la elección esperaban los resultados. El perdedor felicitaba al ganador. Y listo. Como debe ser.

Nada de insultos. Nada de peleas. Nada de pugnas. Nada de fraude. Y sobre todo, nada de bala. Eso hubiese sido noticia central de CNN y el New York Times.

Una vez, uno de los candidatos hizo un reclamo de fraude ante las autoridades de la universidad. Dijo que otro candidato había llevado a votar a estudiantes de un curso superior que estaban impedidos de hacerlo. Se investigó el caso. El fraude era cierto. Se descalificó y sancionó al candidato. ¿Adivinen de dónde era el tramposo? Latino. Mexicano.

Talvez sea un error compararnos con países desarrollados. Su nivel cultural está muy por encima del nuestro. No podemos esperar igualarlos sin antes pasar por todo un proceso de cambio. Pero ese proceso debe iniciarse en nuestras instituciones académicas.

Nuestra cultura política la vamos formando desde chiquitos. El respeto por las instituciones, la ley y los procesos democráticos son un aprendizaje que empieza en nuestras clases. Debemos incentivar a nuestros alumnos en escuelas, colegios y universidades a competir limpiamente en las contiendas políticas de sus instituciones y a cumplir sus promesas electorales. Y a los votantes a exigir que sus compañeros elegidos rindan cuentas.

Si no hay ese aprendizaje en democracia, difícilmente cambiará nuestra política. Quisiéramos que nuestra política universitaria fuera un ejemplo para la política de afuera, pero parece ser solo un reflejo de ella.

Yo que amanecí con todo el optimismo de domingo, me encontré con esta noticia que hablan tan mal de nuestro futuro político. Talvez exagero. Talvez estas peleas y disparos fueron un caso aislado. Talvez la política universitaria sí está cambiando. Talvez hoy en las aulas de nuestras escuelas, colegios y universidades se está formando toda una generación de mejores políticos y profesionales. Talvez.



* Publicado en revista Clubes de febrero.

jueves, enero 29, 2009

Nada cambia

Mercedes Sosa canta que todo cambia. “Cambia lo superficial/ Cambia lo profundo/ Cambia todo en este mundo”. Bueno, no todo. En este país la política no cambia.

Cambiaron las leyes. Cambiaron la Constitución. Cambiaron los procedimientos, las formas, los reglamentos. Pero no cambian la actitud, las conductas, la gente.


Hoy, las vergonzosas primarias de Alianza PAIS dejaron claro que ese movimiento, como tantos partidos y movimientos que han marchado por el circo político ecuatoriano, durará lo que dure su líder. La ideología no existe. Los proyectos políticos no existen. Solo existe la ambición por ocupar espacios de poder. Los partidos no son más que la camioneta a la que se trepan los que quieren un pedazo del pastel político.

Vemos rostros y nombres repetirse. El PRE de Abdalá Bucaram es ahora el PRE de Abdalá Bucaram júnior. Un nuevo Abdalá que hereda el partido y lo mete en el siglo XXI con un giro evangélico y hasta canal de YouTube. Pero en esencia es el PRE de siempre. Partido de personajes antes que ideas.

En Sociedad Patriótica el tiempo no ha pasado. Los rostros son los mismos. El discurso ha dado cierto giro a la derecha. Pero por mejorado que suene el mensaje, es difícil creerle a quienes ya tuvieron la oportunidad de gobernarnos.

El Partido Social Cristiano parece recoger firmas para su acta de defunción. ¿Morir de muerte natural o matarlo de una vez?, parece ser su verdadero dilema. La ideología en algo sobrevive. Pero no hay quién la lidere a nivel nacional. Historia repetida.

Nada ha cambiado en los partidos que debían renovarse por completo.

Alianza PAIS llegó despotricando contra la partidocracia. Debía ser distinto. ¡Pero cuánto se parece al resto de partidos! Por mucho que se pongan reglas que les impida criticarse entre ellos, el egoísmo político puede más que los reglamentos. Si no pueden mantener unido a su PAIS, ¿qué podemos esperar del manejo de nuestro país? Peleas, gritos de fraude, trampas. ¡Que viva la democracia que la nueva Constitución, milagrosamente, cambiaría con las primarias!

Esta vez tendremos que votar en plancha nuevamente, como siempre. ¿Y los distritos? Bien gracias. Eso solo le interesaba al Correa candidato, no al Correa político que quiere que el país vote por su partido sin importar quiénes son los candidatos. Así como hacía el PRE. Así como hacía la ID. Así como hacía el PSC.

Esperábamos rostros nuevos. Prácticas nuevas. Seguimos esperando. Todavía no se han cerrado las inscripciones. Están a tiempo de decidirse los indecisos. Están a tiempo de mostrarnos que sí puede cambiar la política en este país.

Hoy nada cambia. Este Gobierno que llegó al poder con la promesa de cambio es igual al resto. Cambiaron ciertas reglas, cambiaron estrategias, cambiaron etiquetas. Pero no cambiaron las personas que es lo único que realmente importa.

¿Cambiará algún día nuestra política? ¿Se animarán los candidatos que sí valen la pena? ¿Tendrán oportunidad de ganar esos candidatos? ¿Tendremos pocos partidos, pero buenos, que crean en algo y lo defiendan?

Se acercan las elecciones y todo se parece tanto al pasado. Solo cambian los colores. Los amarillos, naranjas y rojos de ayer, hoy se funden de verde. Del resto, nada cambia.

jueves, enero 22, 2009

Infantiles

Rafael Correa calificó de “izquierdismo infantil” a quienes se oponen a la Ley Minera. Se siente frustrado ante quienes pretenden bloquear la actividad minera en el país. Ecuador es, literalmente, una gran mina de oro, que puede generar grandes recursos. Por eso, Correa reclama y refuta, con razón pero con su irrespetuoso estilo, a quienes se oponen.

La minería, desarrollada con responsabilidad hacia el medio ambiente y la comunidad, es importante y debe avanzar. Oponerse a la minería ciegamente sin brindar alternativas, como vemos en grupos ecologista e indígenas, no nos lleva a nada. Al menos en esto, sea por convicción o conveniencia, Correa apoya la inversión y la generación de empleo.

Pero aquí lo chistoso e irónico es que Rafael Correa califique a otros de izquierda infantil. Parece que faltan espejos en Carondelet. ¿No es este el mismo Presidente que hace pocos días visitó Cuba alabando la dictadura cubana? ¿No es este el mismo Presidente que desprecia la iniciativa privada y el natural deseo de progreso individual para privilegiar una fracasada planificación central y la sumisión del individuo a un plan nacional? ¿No es este el mismo Presidente que ha desenterrado el fracasado comunismo y “revoluciones” latinoamericanas y que termina sus discursos evocando al Che Guevara?

Aquello de “izquierda infantil” le calza muy bien a muchos. Entre la izquierda radical que nos gobierna, y la izquierda más radical que hoy se opone al Gobierno, en realidad no hay tantas diferencias. Pero entre ellos se acusan. Ahora el ex aliado del Gobierno, Alberto Acosta, dijo que Correa podría estar sufriendo de “infantilismo presidencial”. Lo cierto es que comparten más de lo que los divide.

Si el presidente Correa se siente frustrado ante la posición cuadrada de grupos que no ven el desarrollo que puede venir de una minería responsable, tal vez podrá comprender la frustración que sentimos ante su gobierno. Un Gobierno cuadrado en su fijación de hacer del Estado obeso e ineficiente, el ente que todo lo dirige y decide, en lugar de favorecer el emprendimiento individual, la competencia y la libre empresa.

Este martes vimos con admiración y emoción la posesión de Barack Obama como nuevo presidente de Estados Unidos. Ahí tiene Correa alguien de quien aprender. Obama, al igual que Correa, llegó al poder con un mensaje de cambio. Obama, al igual que Correa, pertenece a la “izquierda” de su país. Pero es una izquierda que entiende de sobra que el deseo natural del individuo de superarse y buscar un bienestar económico para su familia es lo que mueve a un país y una sociedad. Por acá, en cambio, nos quieren vender cuentos donde el Che, Fidel y sus discípulos cantan tomados de las manos y nos conducen a paraísos terrenales.

Hoy vemos el inicio de la división de las izquierdas en el país. El Gobierno utilizó a los grupos radicales mientras les sirvieron para ganar votos. Ahora seguramente los veremos enfrentarse en las próximas elecciones. Vistos desde afuera, no hay muchas diferencias entre ellos.

Tal vez estas peleas de nuestras izquierdas criollas sirvan para que muchos abran sus ojos y mediten más su próximo voto. Para pasar de lo infantil a lo práctico y beneficioso para el país.

jueves, enero 15, 2009

Las Cubas de Rafael y Yoani

Jorge Ramos, periodista de Univisión, preguntó hace varios meses a Rafael Correa si Fidel Castro es un dictador. “Cuba tiene su forma de democracia…”, contestó Correa.

En esa entrevista Correa mostraba su admiración hacia el gobierno cubano. En su reciente visita a Cuba, Correa ratificó su fascinación por lo que llamó “el indudable éxito cubano”.



Sus elogios hacia la dictadura cubana me avergonzaron y preocuparon.

Me avergonzó ver a un Presidente, que se dice demócrata, rendir tal efusivo homenaje a una dictadura de 50 años. Dictadura que ha violado y viola las más elementales libertades y derechos humanos de los cubanos.

Me preocupó constatar que el sueño de Correa es parecernos a Cuba. Correa desnudó, con más claridad que antes, su ideología contraria a los más elementales derechos del individuo. Dijo que de nada vale el talento humano cuando cada quien busca su fin de lucro o su proyecto personal. Que el talento humano debe ser articulado en un proyecto nacional único, como en Cuba. ¡Qué miedo!

El país ideal de Correa es uno donde todos trabajemos para un plan nacional que él definirá desde las alturas del poder. La libertad de cada individuo para trabajar en sus proyectos personales y alcanzar éxito económico es una tontería.

Ante tan alarmantes declaraciones, recomiendo que en su próximo viaje a Cuba, en lugar de codearse con funcionarios del gobierno alejados de la realidad, Correa visite a Yoani Sánchez. Con ella, aprendería mucho de la Cuba que no quiere ver.

Yoani Sánchez escribe el blog Generación Y, visitado por millones de lectores del mundo entero. Ganó el Premio Ortega y Gasset de periodismo digital, pero la dictadura cubana no le permitió viajar a España a retirar su premio. La revista Time la escogió entre las cien personas más influyentes del año 2008.

Yoani escribe sobre la Cuba de hoy, su realidad, sus batallas cotidianas, sus carencias, sus infinitos trámites burocráticos, su falta de libertad, sus atropellos, sus alegrías, sus ironías, su estancamiento. En un reciente texto cuenta que para celebrar los 50 años de la revolución, los cubanos pudieron comprar, a través del sistema de racionamiento, media libra de carne molida. Y comenta: “Un proceso político de la envergadura de una revolución socialista debería aspirar –en su cincuenta aniversario– a resultados más ambiciosos… Aunque parezca una frivolidad, para muchos cubanos la venta de esa carne de vaca fue el hecho más importante ocurrido por estos días.”

Estoy seguro que Correa y Castro comieron bastante más que carne molida. El comunismo y las dictaduras se disfrutan mucho desde el poder.

Yoani ni siquiera puede ver su propio blog. Está bloqueado en Cuba y el acceso a internet limitado. En ese país, que según nuestro Presidente es ejemplo de éxito, solo hay espacio para la información oficial del diario Granma.

En nuestro país todavía vivimos en libertad. Tenemos varios diarios que nos reportan la realidad nacional. Nadie controla nuestro ingreso a internet. Podemos comer o leer lo que queremos. Podemos montar nuestro negocio propio y ganar dinero. Las fronteras están aún abiertas.

Pero, ¿podemos confiar que esta libertad durará con un presidente que admira tanto la dictadura cubana?

jueves, enero 08, 2009

¿Culpa de los Power Rangers?

En su reunión de este martes con empresarios en Guayaquil, Rafael Correa dijo que hay “ciertos productos que realmente son un insulto que se estén importando”. Yo todo este tiempo pensaba que el que insultaba a cada rato era el Presidente, pero hemos sido nosotros por comprar cosas indebidas.

Una de las estrategias del Gobierno para enfrentar los problemas económicos será obligarnos a comprar menos de ciertos productos, en particular perfumes y esas cosas tan inservibles como esenciales para los niños, como monopatines, caramelos, muñecas y Power Rangers, en especial si vienen de China.

Por eso, ante este anuncio presidencial, he decidido montar, con infinito amor, una fábrica de Power Rangers “Made in Ecuador”. Será un negocio redondo. Con los aranceles que le van a clavar a los muñecos chinos, todos los niños del país comprarán la versión criolla de sus héroes de acción. Con mi fábrica de Power Rangers no solo haré dinero, sino también patria, ayudando a equilibrar la balanza comercial del país. No se preocupe señor Presidente. Ya llegan mis Power Rangers a salvar el día.

Ya hablando en serio, lo más seguro es que mi planta de Power Rangers fracase antes de producir el primer muñeco o que en las actuales condiciones nadie quiera invertir en ella. Los padres de familia seguirán comprando a sus hijos los muñecos originales venidos de China. Los altos aranceles solo harán que entren más muñecos de contrabando, y que paguemos un precio más caro. Al final, gastaremos más, se perderán trabajos en el sector importador y el SRI recibirá menos por los mismos muñecos.

No venceremos la crisis limitando la importación de caramelos y muñecos extranjeros. Y si los aranceles y prohibiciones no van acompañados de acciones que incentiven nuestras industrias y exportaciones, la crisis será peor al crearse mayor desempleo.

El presidente Correa también mencionó medidas que sí serán beneficiosas para el país. Habló de reducir el personal en el sector público y priorizar las obras de los sectores estratégicos, para así reducir el gasto fiscal. Habló de impulso al desarrollo del turismo. Habló de optimización de recursos estatales. Dijo que venderán los bienes en manos del Banco Central, AGD, y más.

Son buenas propuestas, pero ya ha tenido dos años para ejecutarlas. Hubiera sido bueno que todo esto se hubiese realizado sin necesidad de una crisis. ¿Acaso recién le cayeron esos bienes del Banco Central y la AGD? ¿Acaso la optimización de recursos estatales debe reservarse solo para época de vacas flacas?

Esperemos que en la siguiente reunión ya se hayan concretado varias de estas propuestas. Que en lugar de reciclar burócratas creándoles ministerios y cargos nuevos, se tome una decisión firme para reducir la enorme burocracia que hoy despilfarra nuestra plata. Que con la misma pasión que el Presidente se queja de que compramos caramelos y Power Rangers, genere la estabilidad y condiciones económicas para invertir, exportar más y ser más competitivos.

El problema no está en la forma como los ecuatorianos gastamos nuestra plata. Está en la forma como el Gobierno la malgasta. Está en la poca inversión que atrae y la mucha que espanta. Si esto cambiara, no habría que echar la culpa a los Power Rangers y podríamos enfrentar la crisis con soluciones reales y duraderas.

miércoles, enero 07, 2009

Revista la U. - Enero 2009

Ya está circulando la U. de enero en tu universidad!!!


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domingo, enero 04, 2009

Mis deudas ilegítimas

Si algo debemos reconocer de estos socialistas del siglo XXI es que son sabidísimos. Se las saben todas. Nadie les ve la cara.

Pasado el año de gordas vacas petroleras, con barriles de más de cien dólares, y efectivo cayendo a montones, llegó la hora de ajustarse los cinturones. Pero como buen gobierno socialista, el nuestro no entiende eso del ahorro. Eso de guardar en las buenas épocas para poder resistir las malas épocas no va con ellos.

El lema es gastar. Gastar más allá del gasto en lo bueno: carreteras, salud, educación e infraestructura. Gastar en casas de mala calidad, y luego en publicidad para explicar que las casas en realidad son unos palacios. Gastar en bonos, y luego en publicidad para contarnos lo maravilloso que es el bono. Gastar en aviones presidenciales, en armas para atacar a enemigos que no tenemos, en absurdos viajes a Irán, en estadios a medio construir, en dueños del circo a la fuga. No hay límite al gasto. Ni aunque el petróleo se venda a precio de huevo.

Y como el gasto debe continuar, pero la plata empezará a escasear, nuestro gobierno sabido y revolucionario, en lugar de ajustarse pantalones, decide algo más acorde con su altivez y soberanía. No pagar las deudas. Realizar un estudio cuya conclusión estaba lista al mismo tiempo que la introducción. Y decretar que en realidad no debemos plata. Nuestras deudas no lo son. No debemos pagarlas. Hay que pelearlas. Lindo mi gobierno de la revolución. Por eso lo continuaremos reeligiendo.

Siguiendo el ejemplo revolucionario de mi gobierno, mi resolución para este año que comienza es tampoco pagar mis ilegítimas deudas. Y es más. Voy a pedir que me devuelvan la plata de deudas pasadas que pagué inocentemente, cuando mis líderes socialistas no me habían abierto los ojos a las injusticias y atropellos de los bancos y tarjetas de crédito.

Empezaré por no pagar más las letras de mi carro. Me lo compré hace un año. Y me toca pagar mes a mes un pedazo de capital e intereses. Es una deuda injusta, inmoral e ilegal. Primero, me hicieron firmar un papel en el que yo daba mi autorización para que me debiten automáticamente los pagos de mi cuenta bancaria. ¡Tremendo atropello! No solo que se llevan mi plata, sino que lo hacen el mismo día de cada mes sin avisarme. Sin que yo firme un cheque. Estos inmorales se la llevan de mi cuenta solo porque alguna vez, en medio de la emoción del carro nuevo, ciegamente firmé un papelito. Por donde se la mire es una deuda ilegítima. Mi soberana decisión es no pagar ni un centavo más.

Tampoco voy a pagar varios tramos ilegítimos de mi tarjeta de crédito. Empezando por esas cuentas de bares y discotecas. Yo no me acuerdo haber firmado ese voucher de 140 dólares por unos supuestos vodkas, whiskies y rondas de tequilas. Me quieren engañar diciendo que esa noche invité a medio bar. Está clarísimo que el administrador del bar se aprovechó de la ocasión y mi forzó a firmar. Ilegitimidad total. Además, eso de que a uno le den una tarjeta de consumo en la que el salonero va marcando una rayita por cada whisky consumido demuestra una total maldad y deseos de engañar. ¿Cómo sé yo que no me ha marcado rayitas de más? Deuda ilegal. No la pienso pagar.

Tampoco pienso pagar las cuotas de ese plasma. Me engañaron. Me aseguraron nitidez total, y a veces la imagen no sale tan buena que digamos. Y me dijeron que serían una cuotitas mensuales, pero estas de “itas” no tienen nada.

Finalmente no moveré medio dedo para pagar mi ilegítima cuenta de luz. La muy descarada llega mes a mes bajo la puerta de mi casa. ¿Y cómo se yo que me cobran lo correcto? En ningún lugar de esos medidores de luz aparecen los ciento setenta dólares que me están cobrando. Yo veo puros numeritos en desorden. Pero viene un técnico dizque a leer esos números, y en un segundo te clava una cuenta totalmente injusta.

Podría seguir de largo con todas las deudas ilegales, ilegítimas y maliciosas que no pagaré este año. Hoy mismo entro en moratoria. Si el gobierno revolucionario lo hace, puedo hacerlo yo también. Y si con mi moratoria los bancos yo no me quieren prestar plata, allá ellos. Acudiré donde mis amigos chulqueros, y sin problema me consigo otro préstamo.

¡Qué suerte que vivimos estas épocas revolucionarias! Me han ahorrado una buena plata con tanta deuda ilegítima que no pagaré. Y con eso, podré comprarme una nueva televisión, más grande y esta sí nítida de verdad, en cómodas cuotitas mensuales.


* Publicado en revista Clubes de enero.

jueves, enero 01, 2009

Buenas noticias

Estaba buscando alguna buena noticia para cerrar el 2008 y abrir de forma positiva este 2009 que hoy empieza. Leí los periódicos locales. Pero encontré todo un año de peleas, insultos y conflictos políticos. Busqué en diarios internacionales. Pero todo habla de crisis. Y los últimos titulares del año estuvieron manchados de sangre de israelitas y palestinos que se siguen matando. Encendí la televisión, pero no me ayudó. Malas noticias, peores expectativas. Difícil tarea encontrar buenas noticias este fin de año.

Me estaba resignando a no tener nada bueno que comentar para arrancar este 2009. Hasta que mi hija se me acercó mientras escribía, estiró sus brazos, me dijo “upa” para que la cargue, me sonrió y me dio el beso más rico en la mejilla. Y en ese momento encontré mi buena noticia. Tiene año y medio, le encanta la salsa de tomate y se llama Sofía. Mientras jugaba con Sofi a hacer bolitas de plastilina fueron apareciendo frente a mi, claras y sonrientes, otras buenas noticias que ocurrieron en este año que nos ha dejado.

Este año, por ejemplo, Sofi aprendió a caminar, a decir sus primeras palabras y a bailar saltando sin parar. Y en este 2008 compartimos, en familia, mesa, vino y sonrisas. Este año conocí lugares y gente interesantes, fui a trabajar cada día, y desperté cada mañana junto a la mujer que más quiero. Este año, por ejemplo, reí mucho más de lo que lloré; di cientos de besos y cero puñetes; y tuve muchas más conversaciones agradables que discusiones. Me emocioné, aplaudí, aprendí.

Estas buenas historias se repiten de persona a persona. Todos tenemos buenas noticias personales que contarnos. Más allá de problemas, lágrimas y tristezas que nunca faltan, podemos todos contarnos muchas victorias cotidianas.

Lo triste es que nuestras buenas historias se dieron a pesar de nuestro Gobierno, no gracias a él. Que la mayoría de políticos otra vez ser sirvieron de nosotros en lugar de servirnos. Que a pesar de nuestros esfuerzos por salir adelante, nuestras buenas acciones anónimas palidecieron frente a las vergonzosas acciones de quienes hacen noticia.

Con todos los problemas que enfrentamos, nuestras buenas noticias personales nos recuerdan que mientras estemos bien como individuos, avanzaremos como sociedad. Eso lo conseguiremos mientras respeten algo tan sencillo y elemental –pero difícil de entender para algunos— como nuestra libertad individual.

Que no traten de vendernos falsos sueños colectivos, robando nuestros derechos individuales. Que no se lleven la plata de nuestra jubilación y seguridad social, con la excusa de un beneficio nacional. Que no se apropien de nuestros ahorros privados, con un falso cuento del desarrollo social. Que no limiten nuestra libertad individual para conducir nuestras propias vidas, ser felices y tener más buenas noticias que contar, con la excusa de tontas revoluciones que terminan controlando el qué, cómo y cuándo de nuestra historia personal.

El 2009 se viene difícil. Y lo será más si quienes nos gobiernan no entienden que solo respetando y protegiendo nuestra libertad individual para crear nuestras propias noticias, alcanzaremos más buenas noticias como país y sociedad.

Brindo por un 2009 en el que, a pesar de crisis, deudas y problemas, respeten nuestra libertad.

jueves, diciembre 25, 2008

Flaca Navidad

Esta Navidad se siente distinta. Las últimas semanas toda noticia y análisis económico, de aquí o cualquier lugar, nos repite que se acercan tiempos duros.

Crisis, desdolarización, recortes, desempleo… duras palabras repetidas por todos lados. Y aunque nos juren desde Carondelet que nadie cambiará los billetes en nuestras billeteras, y nos confirmen que nuestros depósitos no corren peligro, lo creemos a medias.

Papá Noel baja con su saco más liviano a los pocos lugares que visita. El mundo entero comparte el pesimismo. La crisis es de todos.

Malos tiempos para tener a un socialista y populista en el poder. Este Gobierno que basa su existencia en el control estatal, en el repartir antes que producir, en el rechazo a la inversión privada para favorecer lo público, en el extraer del empresario antes que incentivarlo a generar más ingresos y trabajos, en el aumento de la burocracia, y en el despilfarro, necesita plata para mantener su ritmo. Y mucha plata.

Pero ahora que el dinero empieza a escasear, nos preguntamos ¿quién podrá defendernos? No será un Gobierno que espanta los créditos decidiendo sin mayores fundamentos cuáles deudas pagar y cuáles ignorar. No será un Gobierno que continúa confrontando al sector privado. No será un Gobierno que mientras dice que va ahorrar, crea un nuevo Ministerio, continúa el inmenso gasto publicitario, y habla de controles al sector productivo.

Toda crisis presenta oportunidades. Esta es la oportunidad del Gobierno para invitar a todos a trabajar, invertir y confiar en el país. Pero eso no se dará con más impuestos, peleas con otros gobiernos, y confrontaciones internas. Las inversiones no vendrán porque el Presidente visite países como Irán, declare la deuda ilegal, amenace con cárcel a los banqueros que critican sus errores o descalifique a los empresarios que solo buscan aconsejarlo. Las inversiones vendrán cuando exista un cambio de actitud real.

Es positivo que el Presidente hable ahora de disminuir los gastos. Pero esas palabras deben venir acompañadas de acciones. ¿Qué tal empezar eliminando esas “cadenas” ilegales de televisión con dedicatoria, que no informan, solo envenenan, y así ahorrar esa plata gastada en insultos? ¿Será que al menos por ser Navidad puede el gobierno no dañar nuestras mañanas con sus interrupciones de mal gusto? ¿Qué tal cerrar unos cuantos ministerios improductivos y sin sentido, con funciones repetidas en otros ministerios? ¿Que tal intentar vender tantas empresas hoy en manos del Estado?

Esta Navidad nos agarra preocupados. Antes ya nos preocupaba el Gobierno y sus políticas estatistas y de escasa visión. Pero al menos había plata para malgastar y mantener a todos contentos.

Ahora que la fiesta del petróleo se acabó, la preocupación va en serio. ¿Puede este Gobierno socialista y heterodoxo tomar las medidas responsables y austeras que no nos lleven del todo a la quiebra? ¿Está en capacidad de ajustarse la correa? ¿Puede generar la confianza para que las inversiones privadas no salgan ahuyentadas?

No basta el mensaje navideño del Gobierno de que vienen tiempos difíciles. Toca actuar y tomar las medidas prácticas.

Que el próximo año la Navidad llegue menos flaca y pesimista. Y que en el 2009 el Gobierno le devuelva el disfraz a Papá Noel.

lunes, diciembre 22, 2008

Navidad tropical

De chico siempre me gustaron los Papás Noeles, renos, muñecos de nieve y todo ese ambiente invernal decorando mi casa cada diciembre, bajo el sol radiante y los ardientes 35 grados de Guayaquil. Se veían tan llenos de espíritu navideño.

Hasta que Woody Allen ridiculizó mi Navidad tropical y me dañó la fantasía.

En su clásica película Annie Hall, el personaje de Allen viaja en un descapotable por las calles de Beverly Hills en plena época navideña. Va observando ese plástico paisaje californiano tan distinto al de su adorado New York, donde seguro está nevando y los niños hacen muñecos de nieve. Con villancicos de fondo, como para musicalizar la ironía, se ve una enorme figura de Papá Noel en su trineo, desorientado y perdido, bajo el calor y ardiente sol de Los Ángeles en el patio delantero de una mansión.

Esa imagen, de un falso invierno californiano, sin nieve, ni chimeneas, ni bufandas, me hizo regresar a mis navidades en las que los adornos del Polo Norte convivían alegremente con el calor y sudor de la ciudad. Y convivían también con las túnicas y el polvo del pesebre de Belén.

Papá Noel, abrigado hasta la barba blanca, ríe junto a los pastorcitos, la vaca, el burro, los reyes magos, José, María y el niño Jesús. Y Rodolfo el Reno mira su reflejo junto a un cisne blanco de plástico en el laguito oficial del pesebre, recreado con un espejo ovalado. Junto a ellos, se ha colado un J.I. Joe que camufla con éxito su uniforme y metralleta en el musgo café y verde que cubre el mini pueblo bíblico. Aquí no se sienten las diferencias de clima. La nieve del Polo Norte no se derrite junto al musgo del pesebre.

Otra extraña mezcla de tradiciones navideñas que debí enfrentar tenía que ver con la identidad de quien me traía los regalos la mañana del 25. Desde siempre mis papás me dijeron que era el Niño Dios. ¿Y todas esas películas que mostraban clarito como Papa Noel repartía los regalos a todos los niños del mundo viajando en su trineo? ¿Y la historia que me contó Andresito de cuando vio a Papá Noel a media noche en su casa? “Eso es puro cuento”, me dijeron mis papás, “en la Navidad nace el niño Dios y por eso él trae los regalos.”

Alguna vez intentaron hacer un combo interesante que les daba un papel a ambos personajes: el Niños Dios hacía los regalos y Papá Noel los distribuía. Por eso mis cartas iban siempre dirigidas al fabricante antes que al distribuidor: “Querido Niño Dios”. Esta versión de la alianza estratégica entre personajes navideños sonaba bien, pero al final me quedé con la historia de que el Niño Dios fabricaba y repartía los juguetes. Era mucho más creíble. Papa Noel era solo un invento de las películas, como Superman. Solo los niños tontos se creían ese cuento del trineo y los renos. Los niños inteligentes sabíamos que solo un Dios puede repartir millones de regalos en una noche.

Además, lo bueno de tener al Niño Dios como mi fabricante y repartidor de regalos es que se resolvía el problema de la chimenea. Mis amigos debatían intensamente cómo hacía Papá Noel para entrar a sus casas sin chimenea. Yo no participaba en ese debate. Mi distribuidor de regalos era mucho más eficiente. Mi Niño Dios era invisible y atravesaba paredes. Así de fácil. Un día me pusieron a prueba: “¿Y cómo hace para que los regalos pasen por las paredes, si esos no son invisibles?”. “Sencillo, una vez que entra a mi casa abre la puerta y por ahí mete los regalos”.

Pronto me tocará contarle una historia navideña a mi hija que hoy apenas camina. Aunque la historia del Niño Dios tuvo sus ventajas en mis navidades, creo que me iré con Papa Noel. Es una fantasía más emocionante. No hay películas sobre el Niño Dios atravesando paredes. En cambio, Papá Noel y su trineo existen en el cine, en la tele, en la música, en los adornos del patio sudando bajo el sol.

Aunque se burle Woody Allen, tendré para mi hija a Papá Noel con sus duendes, renos, muñecos de nieve y todo el Polo Norte decorando mi casa junto al árbol de Navidad. En cuanto al pesebre, ya veremos si los burros, magos y pastorcitos aguantan el frío polar.

* Publicado en revista SoHo de Diciembre

viernes, diciembre 19, 2008

Entrevista con Jorge Ortiz

Presentación de libro "De Forajidos a Majaderos" en programa Hora 7.

jueves, diciembre 18, 2008

El León que se queda

Mis primeros recuerdos políticos están ligados a León Febres-Cordero. Era el año 84. Yo tenía ocho años. Me acuerdo estar en Salinas con mi abuelo Carlos que tenía su carro empapelado de calcomanías amarillas de “León Presidente”. Recuerdo la emoción de mi abuelo.

Han pasado varios presidentes desde León. Y a pesar de ello, la única canción de campaña que aún recuerdo bien es la de esa época, que cantábamos con mis primos. Esa que decía “Hay que tomar la decisión, para poder levantar al Ecuador, y el hombre que puede hacerlo, es León Febres-Cordero. Unidos en un abrazo, con León sí se puede”.

Estos días, en que nos despedimos de León, he regresado a esa época de varios años atrás. Época de emoción en mi casa por el nuevo presidente, que entendía la importancia de la libre empresa como motor que impulsa un país. Pero de sus años de gobierno casi no me acuerdo. Solo que la emoción fue cayendo a medida que avanzaba su mandato presidencial. Y que sus opositores eran cada vez más.

Del que sí tengo recuerdos más claros es del León Alcalde. Ese es el León de mi generación. Y con ese me quedo. Como guayaquileños siempre reconoceremos lo que hizo León por la ciudad. La sacó de la pocilga en la que la habían convertido los Bucaram y compañía. Nos devolvió el orgullo de vivir aquí.

Lo que vino después de la alcaldía fue una etapa que algo opacó la obra anterior de León. No estuvimos de acuerdo con su actitud como diputado. Con ese León que en lugar de construir y unir, utilizó la política para perseguir. Un mal de muchos políticos es no retirarse a tiempo para dar espacio a nuevos líderes. Tal vez todo hubiera sido mejor si León se hubiese despedido de la política al dejar la alcaldía.

Hoy, en las pantallas de televisión, radios, diarios y páginas webs se unen voces, incluso de enemigos y adversarios, que lo elogian. Y es que con cada nuevo politiquero que aparece en la escena nacional, León se engrandece.

Estos días el país, y sobre todo Guayaquil, está lleno de emociones por ese líder
que se ha ido. Por eso nos enfocamos sobre todo en lo positivo. La historia se encargará de hacer un balance final de la vida y obra del político. Saldrán páginas controversiales, páginas grandes, páginas para olvidar. Pero creo que al final quedará la imagen de un líder que transformó su ciudad y fue fiel a sus ideales.

Nunca conocí a León. Hace pocos años me tocó bajar junto a él varios pisos en un ascensor. Iba callado, flaco y viejo. Me dije a mí mismo “este es el dueño del país”. Al salir, todos se despedían de él con cariño. Estos días hemos vuelto a vivir ese cariño y respeto de la gente por León. Eso no viene gratis. Hay que ganárselo.

La historia lo juzgará en su momento en detalle y sin afectos, como debe ser. Por ahora, mientras nos despedimos de León, escogemos recordar lo bueno. Y esperar que la integridad, inteligencia, valor y visión de los líderes de hoy y mañana supere a la de sus antecesores, para no tener que extrañarlo tanto.

miércoles, diciembre 17, 2008

Entrevista con Carlos Vera

Presentación de libro "De Forajidos a Majaderos" en programa Contacto Directo.

martes, diciembre 16, 2008

De Forajidos a Majaderos: Comentarios y emociones de los jueves

Portada


Contraportada

Lanzamiento del libro









Invitación lanzamiento "De Forajidos a Majaderos"

jueves, diciembre 11, 2008

Buitres al acecho

El bicho del abuso y la censura que ronda los pasillos de este gobierno es contagioso.

Es una lástima. Ricardo Antón, director de la Comisión de Tránsito del Guayas, venía haciendo un buen papel. A diferencia de otras autoridades de este Gobierno, que han tenido una actitud tan conflictiva y destructiva hacia Guayaquil y Guayas (o lo que queda de la provincia), Antón ha reflejado una postura de colaboración y servicio, alejado de odios y ridiculeces partidistas.

Pero debe ser contagioso esto de ser parte de un gobierno donde unos se creen dueños del circo y otros dueños de nuestras vidas. Así que Antón decidió entrar, como Pedro en su casa, a una exposición de arte en la Universidad Católica de Guayaquil para reclamar al artista por un cuadro de un vigilante de tránsito con cara de buitre. Antón sintió que el cuadro era una falta de respeto a la CTG (¡como si muchos vigilantes no le hicieran honor a ese apodo!). Y sin derecho alguno, confrontó al artista, quien terminó retirando el cuadro.

Linda cosa. De ahora en adelante, cualquier autoridad pública de lo que sea, puede entrar donde quiera, y decir, como dijo Antón “no lo aceptaré”. El reclamo de Antón al artista es un abuso por donde se lo mire, más allá de que, como él dijo, “la CTG no dio ninguna orden para que se retire este cuadro”. ¿Y desde cuándo la CTG es curadora de arte?

Lo más triste es que a la Universidad Católica no le hemos escuchado decir ni pío. Se ha dejado abofetear. En lugar de defender a sus estudiantes y su independencia académica como lo haría cualquier universidad que se respete, se ha puesto del otro lado, permitiendo que violen su libertad. Si restringen la libertad de nuestros estudiantes para expresarse, crear, debatir, criticar, ser originales, ¿qué podemos esperar de la libertad en otras instituciones?

Está de moda en este Gobierno meterse en nuestras vidas. Decirnos lo que podemos hacer, cuándo y dónde. Por ejemplo, ahora el Intendente del Guayas ha impuesto horarios de funcionamiento para los establecimientos nocturnos de diversión y hasta para los minimarkets y tiendas de gasolineras donde se venden licores. Todo esto con la excusa de que exista mayor unidad familiar. ¿Por qué mejor no deja que cada uno se preocupe por su familia mientras él se dedica a lo suyo?

Ya sabemos cómo terminará esto. Más regulaciones y controles solo dan espacio a más abusos, coimas, palanqueos. Recuerdo la época de Bucaram en que se implementó algo similar. Obligaban a los bares y discotecas a cerrar temprano, salvo que se pase un billetito, o que Jacobito esté farreando en ese lugar. El control como herramienta de abuso y corrupción.

Lástima por el director de la CTG que iba bien. Nunca es tarde para disculparse con el artista y la Universidad. Lástima por la Católica. Nunca es tarde para denunciar este abuso y exigir respeto. Lástima por la actividad nocturna y comercial en la ciudad. Ya no depende de nosotros, sino de un funcionario lo que podemos hacer con nuestras noches.

Lástima, sobre todo, por nuestra libertad: disminuida y atropellada por unos gritos dizque revolucionarios, pero tan parecidos a la actitud politiquera de siempre.

miércoles, diciembre 10, 2008

Revista la U. - Diciembre 2008

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